Gran Valparaíso, 2012, Año 4 (2aF)

Fin de la modernidad líquida Las redes contra el Estado, o los territorios contra El Territorio.

Fin de la modernidad líquida. Las redes contra el Estado, o los territorios contra El Territorio.

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La imagen que encabeza jerárquicamente este artículo, corresponde al frontispicio del “Leviatan” de Hobbes, con fecha 1651 (Bettmann, Corbis)

Esta imagen fue expresamente solicitada por el autor, en un tiempo en que la mayoría de los libros venían acompañados por frontispicios fielmente diseñados a lo que se dejaba en evidencia como fundamento medular en su contenido.

La utilización del frontispicio del Leviatán,  ha pasado a ser por estos días dentro del mundo intelectual un punto de referencia a revisar en detalle - política como socialmente - pero por sobre todo desde una semiótica del territorio, donde queda aún mucho por descifrar. Por lo tanto, situaremos la discusión sobre el Estado-Nación  intentando revitalizar algunas ideas pre-establecidas en la entrada a la globalidad, como aquella de la sociedad o modernidad líquida.

 

El pasaje de una modernidad rígida a una elástica, basada en el cambio de un espacio regido por la métrica bidimensional a uno diseminado, que el reiterativo trabajo de Bauman se ha encargado de dilucidar, instaura una dimensión de lo líquido. Liquida es la nueva composición molecular que tiene la modernidad, y líquida e inaprensible se vuelve su aspecto sustancial. Esta transformación, corresponde a unos de los puntos centrales en la discusión de la teoría sociológica del siglo pasado a la fecha.

En ello aparentemente no existe nada nuevo, ningún misterio. Los más reconocidos sociólogos entre ellos Beck, Senentt, Habermas, Castells,  y un texto precedente que ya vaticinaba la discusión como La critica de la modernidad de Touraine, previeron e hicieron conceptualmente contundente un cambio que en las sociedades más integradoras al modelo, no tenía un mayor cuestionamiento. La transformación completa de las sociedades modernas.

La sociedad líquida sustituye gran parte de los valores que rigieron toda la modernidad basados en la igualdad, fraternidad y libertad por los de diversidad, seguridad y libertad (Bauman, 2006) Pero sin lugar a dudas, la principal característica de liquidez para el citado autor, se basa en que el capital, al menos en un ciclo de acumulación global, ya no necesitaría más de una organización basada en la rigidez del Territorio Nacional Moderno. Existen ciertas pruebas que avalan a Bauman, lo podemos ver en la organización de entidades transnacionales, la utilización simultanea de la economía y el conocimiento que van un paso más adelante respecto del efecto de la distancia, o las nuevas formas de comunicación que anulan la problemática trayectoria de la información de antaño, entre otras más.

 

La tecnologización, o lo que llama M. Castells como informatización sería el ápice, la via para que el ciclo de acumulación no tuviera en consideración la distancia y el espacio, sino la inmediatez. Por cierto, esto no se condice de ninguna manera con la idea de Estado-nación como espacio fundamental para el funcionamiento del capital. No por nada parte de los postulados de Habermas, versan sobre el entendimiento -  acción comunicativa en práctica-  y de una democracia sostenida en un doble del Estado-Nacion, que puede ser nominalmente entendido como la  UE (Unión Europea) como clara ejemplificación. Visto desde otra perspectiva,  la viabilidad transnacional y su determinada forma de ejércitos corporativos,  comandados por grupos económicos introducen sus intereses para enraizar proyectos de inversión, que al menos desde 1980 en adelante, también se presenta como una característica de sobre-posición del doble espacial. En estos casos, uno Habermasiano, y el otro de la guerra humanitaria, no se puede desconocer la relación Estado-Nación y economía capitalista. Es más, en la globalización la forma del Estado-Nación adquiere una duplicidad pero no pierde su lógica de forma, de rigidez y de organización espacial.

Giovanni Arrighi, desde su óptica socio-histórica del ciclo de acumulación, desmentiría inmediatamente esta idea de la liquidez junto con espacio, debido al sólo hecho de que el capital nace con el espacio de la modernidad y la consolidación de los Estados Nacionales. No por nada es entre el 1400 y 1500 donde el sistema financiero florentino obtenido gracias a los excedentes de la industria textil,  junto con la universalización de la moneda de Genova dan inicio a lo que sería la era del Capital. Un orden que no se puede entender sin la constitución del espacio y del territorio nacional moderno.

 

Por lo visto, se puede entender el hecho de que Bauman haya adscrito su término líquido a la modernidad como algo mucho más correcto de lo que podría insinuar el posmoderno. El término líquido desde que se instauró es pensado y asimilado, como algo poco aprensible, sin fuerza ni consistencia. Insinúa una sociedad fragmentada, sin adhesión, salvo por la diversidad,  con un alto componente de asunciones individuales, en definitiva, una panorámica mucho más negativa que asidera y verosímil. Que lo líquido sea entendido de ese modo y no por aquello que le vale su liquidez,  nace de nuestro desconocimiento de la lógica espacial. Espacio y red son inconcebibles, así como Nación y liquidez también.

Por consecuencia, una Modernidad no puede ser líquida.

Desde un punto de vista más abstracto, lo anfibio escapa a la rigidez, la organización líquida es otra lógica de organización que no quiere decir des-colectivización. Es cierto que la diferenciación sistémica de la sociedad es constitutiva y constituyente, un hecho que no se puede desconocer, y por el cual Luhmann es  y seguirá siendo el sociólogo más certero de la teoría social contemporánea. Pero la diferenciación sistémica, habla también de un pasaje fundamental, en donde los sistemas dejan de ser en su autopoiesis sistemas cerrados, para basar su funcionamiento en la comunicación autorrealizada gracias al conjunto.

Lo líquido  no se puede desconocer, pero es algo que políticamente no puede reafirmarse si no es por negar las fuerzas rígidas de la organización del Estado-Nación. Claramente bajo la idea de una modernidad líquida, en donde los centros comerciales pasan a ser el emblema de una descomposición basada en el consumo, hedonismo e individualismo, nos facilita entender dicho concepto. Pero se automatiza liquidez como sinónimo del diluir social. ¿Por qué la colectivización tendría que tener consistencia espacial? ¿Por qué lo que no obedece a esa rigidez tuviera que tender a la desunión? ¿por qué existe una interpretación binaria del espacio público como si las redes fueran sólo en su dimensión epistemológica la información en bits?¿ por qué lo público de las calles y plazas tuviera que dejar de existir debido al traslado comunicativo que sistemáticamente acontece en las redes sociales en bits?

De acuerdo a esta última interrogante, Luhmann nos entrega la mejor señal, los sistemas se comunican, y la politización de los territorios en plural, lógicamente no puede adquirir un cuerpo con una gran cabeza, manos de consenso y espadas para el disenso. La fragmentación es algo más complejo de lo que aparenta, porque el modelo de funcionamiento del mundo, se adelantó al modo convencional que tenemos para reconocerlo.

Acción política no quiere decir estrategia, organización y procedimiento de modo unitario como lo pensara R. Luxemburg. La acción fragmentaria puede consentir a las ciencias sociales, de sentirse frente a ella como el animal no pensante, que no tiene A causante de B, precisamente porque hay un C eventualmente inconexo que si está generando una relación comunicativa en ese accionar. Dicho C, entre otras cosas, podría ser la respuesta cuántica por la cual, jamás objeto y sujeto han existido, sino dentro de una artificialidad legitimada por la ciencia moderna. Ese observante, para la física ha dejado de existir, está muerto o posiblemente, vivo y muerto como evento posible y vinculante.

Fragmentación, no querría decir entonces diluirse, sino flujo, fluidez líquida, en liquido. Y si Bauman fue certero en hablarnos de características líquidas de una sociedad global, sería más preciso aún señalar que lo líquido no es la fragmentación en negativo de las sociedades “avanzadas”, o bien no es sólo eso.

El fragmentar siempre implica tendencias de fuerza, descomposición pero de un orden estable de la rigidez. Y si un cuerpo se des-fragmenta nuevamente no es lisa y llanamente para formar otro cuerpo de similares características o para perderse en la materia. La fragmentación, o la liquidez positiva, es algo más cercano a las redes, al globo, los territorios, la conexión, conocimiento, creatividad y la localización.

Si entendiéramos lo líquido según Bauman, no podríamos aceptar la organización social, la politización de bases, las demandas de los territorios,  la transversalidad del conocimiento, las nuevas formas creativas que muchas veces niegan el sólido de una economía Global aún dominada por el espacio.

Sintéticamente la Modernidad es el Leviatán, aquel que observamos en el frontispicio, una unidad corpórea, donde por identidad y no por carisma u obligación, una parte de nosotros pasa a ser biunívoca en su identidad al Estado-Nación, como aquellos “individuos” acoplados al cuerpo del Leviatan. Del mismo modo que el territorio nacional, pasa a ser biunívoco en los mapas a través del estándar y la escala. De ahí los grandes relatos colectivos que se desprende del Estado-Nación, como subproductos: Liberal-democracia, Socialismo, Comunismo, Estado de Bienestar, incluido el anarquismo que operaría como el prostíbulo incómodo del Estado, en donde los eyaculadores siempre son menores y por lo tanto el líquido sigue siendo dominado por el sólido.

Hoy por hoy abrir el debate sobre la liquidez de la sociedad, se hace pertinente como liberación del fluido. Es evidente que las fuerzas estabilizadoras rígidas de un modelo espacial están interactuando sobre las redes y los nuevos flujos, intentando corregir o conducir un camino más favorable a la forma que a su punto de fuga. Es como si todo lo que tiene aspecto líquido intentara ser gelatinizado, por consecuencia, el destino de perder su singular modo de emprender nuevas fuerzas y lógicas de lo social, como un aspecto abierto y comunicativo.

El Leviatán no ha dejado de existir, en su agonía sigue interactuando de la forma más contingente posible para rendir estable lo que escapa de su control. Si el argumento democrático es concreción de guerra humanitaria, es precisamente por un hecho correlativo. Si se decide incorporar, modificar y testear información sobre las nuevas redes sociales, es por esa necesidad de retener lo que podría significar una eventual desestabilización.

Es necesario entonces distinguir modernidad de liquidez, y modernidad liquida como un proceso de otras características, distintas a las que afirma Bauman en su extensa producción intelectual. Lo moderno como liquido, sería entonces más parecido a un componente gelatinoso, un retraer simbiótico de nuevas lógicas que intentan ser conducidas con lo que queda del espacio, la métrica, lo unitario y el control escalar.

 

 

 

Bibliografía

 

 Bauman, Z 2006 Modernidad Líquida .Buenos Aires,  Fondo de Cultura Económica


¿Como citar este articulo?
Gino Bailey Bergamin (sep2011) "Fin de la modernidad líquida Las redes contra el Estado, o los territorios contra El Territorio." Recuperado el [FECHA ACTUAL] del sitio web de Revista El Topo http://www.eltopo.cl/fin-de-la-modernidad-liquida-las-redes-contra-el-estado-o-los-territorios-contra-el-territorio

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