El discurso porteño de la ciudad irreal: a propósito de la imagen-portuaria, imagen-patrimonio, imagen-retail
Entender la emisión y carácter discursivo de Valparaíso, es ciertamente problemático. Una porque nos conduce al cuestionamiento acerca las distintas imágenes de ciudad que se han concretizado, para poder entender y reinterpretar a la ciudad a través de la historia.
Por ejemplo, aceptar la ciudad-puerto o la ciudad-portuaria significaría hoy, por un lado , creer en la imagen del retrato vivida en Valparaiso entre 1850-1930, la cual podemos pensar como constitutiva del sello identitario de esta ciudad, si apelamos a la memoria social e histórica del territorio. Pero por otra parte eso seria falsear un tanto la realidad dándole sentido al argumento que es propio de la planificación patrimonial. Esto es, hacer presente el pasado, olvidándose de las fuerzas originarias de ese pasado. El sentido del pasado y la fuerza del pasado, en realidad no deben existir más que como actualización de un sentido contingente, presente. Un presente que utiliza al pasado para la efectividad del presente.
También, se podría aceptar el sello de ciudad-puerto concibiendo la actual re-estructuración de ciudad portuaria de cara a la globalización. Pero eso es un ejercicio dificultoso, cuando observamos que los elementos constituyentes están en estos momentos aún definiéndose. Salvo que, para dicha identidad, para dicha formación de la imagen, se origine antes una narrativa global, que permita concebir una ciudad portuaria deseada y global.
La regeneración del waterfront “Puerto Barón” es un aporte en esta dirección, en definir antes de su producción, la narrativa escenográfica de la nueva ciudad portuaria de Valparaíso. Aunque ello no contenga en su centralidad nada de lo que determina la actividad de un puerto: su actividad marítima-portuaria.
Volvemos al problema de la ciudad deseada como un recurso narrativo, económicamente vendible que antecede a la ciudad misma, y que la co-produce. La ciudad patrimonial, es interesante bajo este punto de vista, porque aun cuando coloca en el centro un intento de venta, su propia gestión hace aguas y termina socavándose a si misma.

En estricto rigor, la ciudad deseada a partir de la ciudad patrimonial, coloca al centro un aspecto con arraigo de imagen-ciudad, como es la idea de ciudad-puerto fundacional. Justo al lado, el criterio turístico cultural, y turístico ciudadano sostenible, que produce la economía de dicha imagen. Aunque no se note, la ciudad-patrimonio es una construcción de ciudad deseada porque supera a la ciudad misma, para construirla y reproducirla. El hecho de que parte de la valoración ciudadana en Valparaíso pase por habilitar más espacios urbanos, más lugares abiertos al público, es en parte el poder que ejerció la imagen-patrimonio intensivamente desde el 2003. El convencimiento de sustituir parte de lo que es “puerto” por espacios “habilitados” para el ciudadano y el turismo cultural tipo “mediterráneo”, Barcelona.
Queramos o no, la imagen-patrimonio ha surtido efecto. No es un demonio voraz si pensamos que como idea la sujetan ciertos criterios de sostenibilidad dentro del territorio. La defensa de la vista, la apertura de espacios, la no vulnerabilidad de los asentamientos, la posibilidad de un borde costero sin Mall pero abierto al turista-ciudadano, es una victoria del poder que ejerce la narrativa patrimonial. La lógica de regeneración que empíricamente la vemos como coincidentes en el “Plan Valparaíso 2001” y con el “Valparaíso Patrimonial 2003” Todos los programas posteriores, son un mejoramiento en esta dirección. Como la reproductividad en la época técnica lo era para la obra de arte[1].
A esta imagen-patrimonio, la alterna la imagen-retail que fácilmente puede ser amiga de la nueva imagen-ciudad portuaria global.
La imagen-retail posiciona su poder en generar la narrativa perfecta justo al lado de un contexto imperfecto. En ciudades latinoamericanas como las nuestras, la imagen-mall opera de un modo eficiente, porque logra superar las insuficiencias de una ciudad real que puede volverse muy oscura. Valparaíso no ha podido resolver a través de la ciudad-imagen patrimonial lo residual de la ciudad real, de la profundidad de su territorio, por lo tanto la alternativa de una ciudad retail, o una ciudad portuaria global, apoyada por un waterfront que promueva la ficción del Shopping center, bienvenido sea.
La ciudad deseada opera de un modo eficiente, vendible, atrayente y totalmente evocadora, en sociedades donde los problemas de integración social, de empleabilidad, de educación y de cultura básica insatisfecha, han sido resueltos. En nuestro caso, potenciar la narrativa que ofrece y proyecta la ciudad-retail, garantiza la promoción segura, no violenta, participativa, bella de ciudadanos que abandonan su cotidianidad, para posicionarla en el común denominador de interacción turística.
La ciudad consistente, tenía cuenta la planificación por la necesidad, en base a la idea de producción social del espacio, o producción espacial de la sociedad[2], y su imagen ciudad era construida a partir de la ciudad, no antes de eso. La consistencia la daban valores y formas de agrupación concebidas como el sindicato, un ejemplo de necesidad la higiene y el habitar, y un ejemplo de imagen-ciudad de antaño, la clásica imagen-ciudad portuaria. Estos fundamentos son los que cambian, por aquel del modelo evanescente.
En este modelo de la ciudad nueva, aunque no sea igual ni homogénea en todo el globo, un habitante X se siente incluido, por más desavenencias laborales que tenga, por más precario que esté, y por más violentado que se encuentre a diario. Basta aproximarse a estos fragmentos de ciudad del deseo, para sumergirse en el ensueño. De ahí que la proyección de esta ciudad, al ser más real que la ciudad, se constituye como la ciudad verdadera, la significativa, la real.
Dejando a un lado las emisiones de juicios y diversas valoraciones que podamos hacer, proyectarse bajo esta lógica, desde a hiper-realidad salda cuentas con un presente oscuro, pero pierde una brecha sustantiva de la cultura del territorio.
Si Valparaíso tiene una discursividad, es justamente producto de su totalidad narrada y no de la parcialidad conveniente. La totalidad narrada también puede ser vendible, pero bajo otros criterios y conceptos. Antes de ser vendible, se tendrán que resolver los puntos y enclaves que obstaculizan un mínimo de bienestar social.
El problema está en que la narrativa cultural de Valparaíso, tiene todo su relucir en cuanto a obstáculos y divergencias propios de nuestra extensión como Latinoamérica. La inseguridad, la violencia, la fuga de población, la baja instrucción y los años de estudios en la mayoría de sus distritos. El desempleo y la desocupación estructural, la terciarización no calificada, y la caída libre de los bajos porcentajes de industria, son entre otras variables problemáticas, parte de la totalidad compleja de una ciudad que fue real.
Para nadie hacer este ejercicio es gratuito, es mejor trabajar desde el patrimonio o mejorar la ciudad-retail que se puede estar proyectando desde el puerto de Valparaíso. Aunque estos modelos se ven como los predominantes y quizás complementarios con algún otro como el Universitario y de producción cultural, la narrativa del deseo corre serios riesgos futuros porque supedita la diferencia por homogeneidad, el pensamiento por la homologación.
Fiarse de la ciudad del deseo, es un camino eventualmente eficiente si somos capaces de solventar la inclusión económica sobre problemas heredados, típicos de nuestra región latinoamericana. El peligro inminente está en que la co-producción de la ciudad a partir de la narrativa retail o patrimonial, introduce una lógica de participación donde la práctica es reemplazada por la experiencia, y la experiencia es homogénea entre todos porque tiene la función de superar a la ciudad misma, ejerciendo una influencia residual y marginal de la ciudad real.
La generación de experiencias en interfaz de la ciudad, anula la complejidad del territorio. Y un territorio sin complejidad, es una superficie ya no planimétrica sino, tridimensional , afectiva y atrayente, pero que apabulla el proceso cultural de pensamiento. La capacidad cognitiva y creativa de los territorios se ven anulados, por vivir en la idea bien precisa de ciudad creada, y no en la capacidad de emitir información y/o una forma de comunicación. En definitiva, anula al político, al científico y la capacidad de pensamiento territorial.
El discurso porteño, probablemente sea aquel residual, del cual no debiera ameritar directamente la descripción de una imagen-ciudad portuaria del 1800, pero la herencia de ello, constituye la escena de la ciudad real, que habría que considerar, aunque fuese engorroso y problemático en un principio. La ventaja, es que con ello se promueve el trasfondo identitario que resuena no aplacando la creatividad, ni ejerciendo un control bajo una sola lógica determinada de auto-representación.
[1] Benjamín, W 1989 La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica Discursos Interrumpidos I, Taurus, Buenos Aires,. en http://diegolevis.com.ar/secciones/Infoteca/benjamin.pdf
[2] Invirtiendo a Henri Lefebvre, no es la producción social del espacio lo que demarca el presente de las ciudades en la modernidad. La planificación moderna, el urbanista ejercita un poder que pasa por producir la sociedad según la planimetría espacial, según la eficiencia del capital y su circulación económica.







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