
¡Qué orgullo!: Una reafirmación discursiva de la crisis en pos de una tradición gubernamental.
Por: Gino Bailey B.
La Crisis Financiera, es un punto sustancial en el transcurrir del relato presidencial. Aparece en la presentación, en el relato intermedio, y por sobre todo para evocar algún otro propósito. La crisis en gran medida sirve para posicionar un binario, “Ellos” vs. “Nosotros”. Este binario del Ellos, tiene relación con lo que Michelle denomina “ambición o egoísmo de unos pocos”, es decir, los responsables de la hecatombe financiera. Y el “Nosotros” es el gobierno, un Gobierno que en esta contrastación siempre sale favorecido.
Se favorece en un pasado, porque fue una advertencia no “dilapidar los dineros del cobre” en su momento, cuando existía una oposición fuerte. Ahora esa advertencia, por medio de la crisisla Concertación. financiera, sirve no sólo para hacer manifiesto un problema contingente y global, sino mejor aún, para reafirmar el Gobierno, ese nosotros, que significa aludir a las políticas de una tradición fiscal y económica de
Por ende, la crisis, o la reafirmación de la crisis, es un argumento o artefacto poderoso utilizado como una oportunidad de reafirmar el significado ideológico y propuesta de una Concertación. “allá están los individualistas” a lo que se agrega también los empresarios de las cadenas farmacéuticas, como ese opuesto donde no reside el gobierno. No reside, pero es necesario o preciso reafirmar a ese opuesto, por medio de la crisis, para identificar un “Aquí estoy yo”, o aquí estamos, y lo “Advertimos”, teníamos la razón. En consecuencia de este punto, la crisis, resulta oportuna para legitimar un oficio ideológico, una continuidad y una legitimidad de un gobierno concertacionista por un presente y hacia el futuro próximo, es decir, promulgar un efecto de permanencia.
No es de obviar un segundo artefacto discursivo, la adversidad. Una adversidad que inicia el relato de Michelle, se confiere con la misma contingencia de la crisis, y termina siendo un aliciente para lo que viene, haciendo alusión al espíritu del chileno. Se desprende de la Crisis como contexto emergente, ya que es ésta la que genera la adversidad, y es ahí donde aparece nuevamente la crisis –artefacto, a la cual hacíamos alusión en el párrafo anterior. La crisis artefacto, provocada por otros, y opuesta al Gobierno, propone una adversidad, de la cual el Gobierno se hace parte. Esas adversidades necesarias para lograr inducir una identidad común. En otras palabras, ya reafirmada la posición y fortaleza del gobierno como contraste ante la Crisis, ahora queda tomar una posición respecto a la ciudadanía, y eso se logra con lo que se provoca con la adversidad, ese pasado tormentoso, o las mismas situaciones de anegamiento climático.
Al final de su discurso, mira al futuro pero de lo que “Somos”, y para generar esa idea vuelve a evocar a la adversidad como “Huella generacional”, reflejado finalmente en el “Estoy contigo”.
Otro artefacto recurrente es el de género. En las distintas áreas, educacional, de justicia, protección social, de trabajo y de estamentos gubernamental, se colocan los derechos de la mujer, y el posicionamiento protagónico de la mujer en el país. Esta propuesta, que teóricamente está en el debate, ostenta una proyección progresista, pero es más aún una toma de lugar. Esta toma de lugar, ha sido lo que más ha destacado en el perfil de la actual presidencia, por ende es necesario situar un discurso feminista para llegar más a un punto de convicción ciudadano, transversal, que tenga por resultado una credibilidad en lo que se está haciendo.
Las políticas públicas estatales, también constituyen un lineamiento discursivo. Es recurrente hablar de transformación, pero aunque eso se menciona, la transformación es algo residual en comparación a la reafirmación de las políticas públicas. Sea en el área de gasto fiscal, en la política de vivienda, o en la de salud, lo que se realiza en la rendición de cuentas, es reafirmar los “incrementos” o “cifras de aumento” que reseñan aun una idea puesta sobre la cobertura y amparo subsidiario del gobierno. En otras palabras, llama la atención que discursivamente, las políticas públicas estatales, sirvan para reafirmar un criterio de legitimidad política más que asunción de cambios, transformaciones o posiciones críticas. Llama la atención, que se promulgue a nivel público, los cambios de paradigma, pero se siga aludiendo a las superaciones de cobertura, subsidio, aumento de subsidio, y redundantemente, más subsidio. Lo que prima discursivamente es entonces, la conservación y la seguridad de una tradición, antes que una real perspectiva de transformación dentro de las mismas políticas.
Finalmente, esta reafirmación gubernamental, se ve en la tensión y paradoja al enfrentar la transformación creativa y la educación. Cuando se refiere al plano educacional, lo coloca como un epicentro de cambio social de la desigualdad, como un punto sustancial de la creatividad, pero con el desarrollo de su relato, termina por evidenciar que lo más fuerte, sigue siendo la tradición política de una agenda: Número de computadores, cobertura para becas, subsidio a estudiantes de colegios más vulnerable, etcétera.
En consecuencia, el peso de la Crisis, la adversidad, el sacrificio y la identidad, junto con las políticas públicas como agenda, constituyen una fortaleza discursiva, más necesaria que el riesgo que puede significar considerar una reestructuración en todas las líneas de desarrollo, regionalismo, cultura, educación, o de la transformación desde un presente y hacia el futuro, ya que lo primero, apela por reafirmar comunicacionalmente, la legitimidad de lo que se hace, y no la transformación para algo más saludable.
Gino Bailey B.
Sociólogo. Es director del CECS Valparaíso






