Fondos Concursables en Cultura, ¿Qué es lo que quieres decir?

Enviado por Gino Bailey Bergamin el lunes, 20 julio, 2009 a las 17:32

"Si en cambio, se pensara un poco más allá,  y comenzara a transformarse la lógica de subsistencia maquillada a una de las micromáquinas artísticas con acepción territorial -por ejemplo- la empleabilidad artística vendría como un resultado del funcionamiento maquinal, y no de los fondos, porque los fondos estarían concentrados en el sentido profundo del "desarrollo de artistas, creadores, industrias culturales"

Observando la cobertura financiera de un porcentaje más que significativo que se desprende de los "proyectos concursables" en todos sus fondos y áreas,  encontramos una tónica común y reiterativa, que viene dándose desde que los fondos existen (1992), con algún otro arreglo, inclusión de área, corrección, o modificación que se ajusta siempre al mismo patrón.

El patrón aludido se aboca a la productividad artística. Esta productividad artística asocia a su vez cualquier labor, proyecto, intervención, que por más fines participativos que se tengan, o nobles intenciones de desarrollo del arte,  prioriza la conservación renuente al sujeto-artista, a las motivaciones o placeres de "éste", los que intentan ser el "éste" o simplemente de quiénes trabajan por un mismo propósito.

Revisando los ganadores del año 2009 para el fondo regional,  en su línea de "Conservación y Promoción del Patrimonio Intangible", se reconoce una tendencia más "social" a juzgar en sus títulos de los eventuales ganadores, pero que tiende a confundir un poco las aguas ante la pregunta: "¿Qué es lo que quieres decir ?"

FONDO1.jpg

(Fuente: http://www.cnca.cl/portal/galeria/text/text1494.pdf)

Revisando las claras definiciones de los fondos y sus propósitos, encontramos una que es muy arrojada, pero al mismo tiempo impracticable:

"...Instalados como una ayuda sustantiva para el desarrollo de artistas, creadores, industrias culturales y formación de público, los Fondos han financiado desde su creación cerca de 16 mil proyectos culturales equivalentes a más de 90 mil millones de pesos...."[1]

            Hasta ahí, todo se mantiene en una claridad inmaterial hasta entonces, pero luego se deja en claro, el propósito vigente, patente y discutible:

"...Una de las características de los Fondos de Cultura que son los propios artistas los encargados de evaluar los proyectos..."

            Existe, por lo tanto, distintas vías o caminos por donde entrar a discutir.  Recordamos que hace poco tiempo atrás, el tema de los "evaluadores" entró al debate por el modo de selección, y fundamentalmente, por poner en juego la actividad del "artista" o "creador" Pero ¿era ese realmente el problema?

            Si pensamos a los fondos, siguiendo su definición antes citada, destinados al desarrollo del trabajo artístico, así como también sobre las Industrias culturales, ¿Por qué se subentiende o se delimita esto al trabajo, o producción artística? Está bien, podemos pensar o proyectar que desde la difusión de una obra artística rescatada (para el caso del fomento del libro), o por otro lado, "reconstruyendo" la cultura de la caleta de pescadores, se puede contribuir a la formación de público, o a un testimonio relevante de efectuar. ¿Pero es eso realmente, o vuelve a recaer en dirección al pensamiento artístico del orden de la creación-autor?

            Sea de la manera que sea, no existe un plan rector que involucre, o que se de a entender que ciertos proyectos financiables por ciudad, contribuyan en alguna medida al desarrollo de las industrias culturales,  o al desarrollo del mismo artista regional. El desglose más atrevido que podemos extraer de ésto, es que se reduce el término "desarrollo del trabajo artístico" a la "empleabilidad" del artista por medio de los fondos.

            Esa transformación, que pierde toda interpretación de su definición original, es la que ha perdurado en la actualidad.

FONDO2.jpg

(Fuente: http://www.cnca.cl/portal/galeria/text/text1494.pdf)

Existen, por lo tanto, dos clases de problemas. Un primero que viene con los propósitos mismos de los fondos y su sistema de selección, y otro con lo que sucede en el desarrollo de éstos. El primero da como consecuencia al segundo, y el segundo es la expresión de una disociación que existe en el primero, ambos retroalimentándose.

Si los fondos los asumimos como la "empleabilidad artística", ¿Por qué entonces mantener una lógica subsidiaria y asistencial? Para el caso de Valparaíso, tendremos que cuestionar seriamente si es más valedero gastar fondos que se agotan cuando el dinero deja de existir, o si es mejor retomar la idea del desarrollo de las industrias culturales, y a fondo , lo que significa el "trabajo artístico"


Si hipotéticamente los fondos estuvieran destinados a financiar futuros motores de micromáquinas culturales, el problema de la empleabilidad del artista y sus asociados no sería un problema, ya que al interior de estas micromáquinas se emplearían, creando, aportando, y produciendo, valga la redundancia: Arte y lo relativo a éste.


Si por el contrario, seguimos asumiendo el gasto en la creación-autor, del placer-autor, y en su caso más extremo, la creación-participativa, lo que veremos, serán fondos que asisten el trabajo artístico, o que sustentan el trabajo artístico de quienes no son artistas, pero intentan emplearse creando.  Y es ahí, cuando, desde una posición aún más radical, nos cuestionamos si "el rescate locomotor", la "reedición de una obra", o "la difusión de títeres" en nuestra ciudad,  son más incluyentes, participativas, y en vías hacia un "desarrollo cultural regional", que aquellas que consideren esta actividad en un largo plazo.


Lo que quiero decir con este punto, es que si realmente ¿se puede proyectar algo más allá de los propósitos creativos de quienes obtienen los fondos, que su propia creación?

Para el caso de Valparaíso esto es mucho más gravitante, ya que las demandas de los artistas se enturbian con los propósitos de los fondos. Si el artista ya está entendiendo al fondo como una oportunidad de empleo y desarrollo de su trabajo, es realmente una consecuencia de un corto plazo que siempre está definiéndose, manteniendo lógicas dependentistas y no sostenibles.

Si en cambio, se pensara un poco más allá,  y comenzara a transformarse la lógica de subsistencia maquillada a una de las micromáquinas artísticas con acepción territorial -por ejemplo- la empleabilidad artística vendría como un resultado del funcionamiento maquinal, y no de los fondos, porque los fondos estarían concentrados en el sentido profundo del "desarrollo de artistas, creadores, industrias culturales"

Es entonces, cuando la problemática se vuelve recíproca, entre las bases de los fondos y lo que se ha producido a partir de eso. Jugar a ser artistas, o desempeñar una actividad de calidad que no tiene su espacio sólido de producción, difusión y comercialización, es y no es el reflejo del mismo espejo que proyectan los fondos

Esperemos, que el hambre de cambiar las cosas, pueda ofrecernos otras alternativas de cambio, para que la próxima no sea la más incendiaria.



[1] http://www.consejodelacultura.cl/fondosdecultura/




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