
Durante los días en que se desarrolló el Congreso Alas, se realizaron un sinnúmero de ponencias paralelas en el interior de los casi treinta grupos de trabajo, además de cerca de sesenta mesas redondas, alrededor de veinticuatro foros y espacios de coordinación, cinco paneles y cuatro conferencias, discusiones que en parte quedarán documentadas en las actas del evento. Referirse a todas, o incluso a las mejores, resulta difícil, y no hemos encontrado el sentido de resumir sólo las que tuvimos ocasión de escuchar. Nos gustaría más bien que estas líneas puedan retratar las preocupaciones fundamentales, el tono de las discusiones, el sentido y las maneras de practicar las ciencias sociales que hemos visto en nuestros compañeros latinoamericanos, o, en definitiva, lo que podríamos llamar el «clima» del encuentro.

El pasado lunes, en el aula magna de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, con un acto de apertura se daba inicio al XXVII Congreso de Sociología, Alas 2009. Alfredo Buzzi, decano de esta facultad, dirigió a los asistentes las primeras palabras de bienvenida. Luego, Lucas Rubinich, director de la carrera de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales de la misma universidad, continuó quizás con la intervención más lúcida de la jornada, un breve discurso que tuvo como centro articulador la preocupación por el destino y los desafíos que enfrentan las ciencias sociales en América latina hoy, con el cual nos recordó a todos que la sociología, para recuperar la mejor tradición de nuestra disciplina —una tradición que caracterizó como «íntimamente ligada a la preocupación apasionada por producir conocimiento iluminado por las grandes cuestiones de la cosa pública»—, no puede aspirar ni conformarse con ser «un buen espacio tecnocrático exigente»; nuestra opción, por el contrario, tiene que ser «construir un espacio y una ciencia social problematizadora de la realidad».
Alberto Bialakovsky, presidente del consejo de este vigesimoséptimo congreso de Alas, prosiguió el discurso recalcando el sentido de la realización de un encuentro multitudinario de cientistas sociales latinoamericanos y la importancia de llevar a cabo un debate epistemológico sobre la posibilidad de una creación colectiva, de interrogar a América latina y revisar su contexto. Jaime Preciado Coronado, de México, presidente del Alas, recordó a su vez el contenido de la convocatoria de este congreso, y se refirió a la búsqueda de nuevos paradigmas para la sociología. Una búsqueda que, dijo, se emprendió hace ya cuatro décadas y que persigue la construcción de modelos interpretativos acordes con desafíos de transformación y recuperación social. «Desde nuestra región —comentó— se participa en discusiones mundiales y formulación de teorías de la acción social adecuadas a nuestro entorno local y nacional, que penetren en el entramado cultural, axiológico y científico de las ciencias sociales, alejado del pragmatismo dominante en las ciencias euro-anglosajonas. Pero —continúa— faltan consensos en nuestra comunidad, respecto y ante lo cual la estrategia intelectual de Alas quiere apoyar en la construcción de un paradigma de referencia». Un paradigma que, según se expresó, quiere avanzar en la línea crítica del pensamiento. Así, terminando su intervención, planteó en nombre de Alas el rechazo a ciertas situaciones específicas en que se encuentran los países latinoamericanos; «la complejidad e injusticia» de los estados de inequidad y exclusión en la región, y «el autoritarismo e intervención imperialista» en desmedro de la autonomía de las naciones en América latina. También repudió en concreto el golpe de estado contra el gobierno de Manuel Zelaya en Honduras, la decisión del gobierno colombiano de ceder siete bases militares a Estados Unidos, «la represión contra los pueblos originarios, que poseen recursos naturales que las empresas y gobiernos interesados les arrebatan», y por último la «criminalización de los movimientos sociales».
Más tarde la palabra fue de Adrian Scribano, secretario adjunto y coordinador de Alas, y después de Emir Sader, director ejecutivo de Clacso, quién hizo hincapié una vez más en la importancia de crear espacios para el desarrollo del pensamiento crítico latinoamericano. También tuvo oportunidad de hablar Federico Schuster, decano de la Facultad de Ciencias Sociales, y Carlos Tomada, quien se desempeña como ministro del trabajo en Argentina.
A quien nadie pudo escuchar fue a Rubén E. Hallú, rector de la Universidad de Buenos Aires, a quien correspondía el cierre del acto inaugural. Contando con pancartas y la simpatía de la mayoría de los presentes, un grueso grupo de estudiantes repudió al rector; una manifestación, por cierto, en consecuencia con la preocupación por la «depredación de recursos naturales y el conflicto ecológico», uno de los ejes temáticos principales del congreso. Nos enterábamos así que la Uba, junto a otras universidades argentinas, ha aceptado ya por segunda vez financiamiento de parte de la Minera la Alumbrera Ltda. Esta es la empresa encargada de explotar la mina a cielo abierto más grande de Argentina, y ha sido ya ampliamente cuestionada, investigada y denunciada por sus efectos contaminantes, el daño a la comunidad y medio ambiente. La Universidad de Buenos Aires había estado desde diferentes disciplinas comprometida en la investigación y denuncia de esta actividad y sus nocivos efectos. Sin embrago, —reclaman los estudiantes, docentes y funcionarios—, con estos fondos las mineras han logrado comprometer el silencio de las autoridades universitarias, de instituciones que, a fin de cuentas, en Argentina como en otros países de América latina (entre los que por supuesto no figura Chile), se exige sean públicas, gratuitas y con autonomía en la producción de conocimiento.

Mencionamos este hecho no sólo por mostrar la idea de «universidad pública» que todavía es defendida por la mayoría de la comunidad universitaria en otros países de la región, o por mostrar el reclamo que los asistentes hacen del espíritu crítico y las preocupaciones fundamentales que el XXVII Congreso Alas, denominado «Latinoamérica interrogada», ha definido para sí (recordemos que sus ejes temáticos, junto a «depredación de recursos naturales y conflicto ecológico», son «ciudadanía y democracia participativa», «nuevos escenarios productivos en América Latina» y «construcción de conocimiento»). Lo mencionamos, más bien, porque creemos que retrata el ambiente ciertamente más politizado que se mantiene en el mundo universitario de algunos países vecinos y que se notaba presente sobre todo en la sociología de este congreso.
Durante estos días, además, fuimos viendo situarse las discusiones, debates e investigaciones presentadas por los ponentes de distintos países, en un horizonte más amplio de preocupaciones, dentro del cual el ejercicio de la sociología se encuentra aún alejado de la tecnocracia y parece encaminado e interesado en la producción de saberes críticos que permitan comprender los procesos específicos latinoamericanos, y dirigidos a superar y transformar las dificultades de la región. Las discusiones epistemológicas y metodológicas —al menos hasta donde fuimos testigo— se nos mostraron motivadas por un interés especial en la formación de una ciencia social crítica incluso desde su misma perspectiva de construcción de conocimiento, y por la necesidad de encontrar modelos interpretativos capaces de explicar las especificidades de la realidad local. Estuvo presente la crítica al uso indiscriminado de teorías foráneas que no permiten comprender lo propio y particular, la critica a la aplicación de modelos preconcebidos, que terminan paradójicamente por hacernos adecuar la realidad al esquema, y el cuestionamiento incluso de la pretensión de elaborar teorías sistemáticas y generales de interpretación. Por último, se nos mostro vivo el interés por una sociología que dialogue con otras expresiones intelectuales, superando así los cánones tradicionales de desarrollo científico. El Alas, en sus documentos de presentación, afirmaba la «convicción de que las expresiones artísticas y culturales forman parte de los contornos y aún de los núcleos de los desarrollos científicos». Así mismo, en las discusiones que se dieron al interior de los grupos de trabajo a los que tuvimos oportunidad de asistir, estuvimos no sólo en compañía de representantes de otras disciplinas, como la historia, la antropología, la ciencia política y la filosofía, sino que también apreciamos la preocupación por el diálogo con estas y otras formas de pensamiento, y la preocupación por integrar al arte y a las expresiones culturales en el debate, y no sólo desde la perspectiva del consumo cultural, sino también considerándolas como formas de conocimiento.
Por:
Lorena Fuentes, desde Buenos Aires (.AR) para Revista El Topo






