
(Fuente: Flickr Revista Revolver)
Parece interesante como, a partir de las discusiones sobre ciudad, se ha conformado un conjunto ordenado de miradas y perspectivas, herramientas de análisis e instrumentos y técnicas de recolección de información. Las ciudades cuentan con detallados informes sobre su realidad, números y estadísticas que aportan al entendimiento gráfico de su actualidad, incluso proyecciones altamente confiables acerca de su futuro inmobiliario y el crecimiento demográfico que conforman un patrimonio tangible de las instituciones que la rodean. Las ciudades son objetos de análisis y políticas públicas y cada vez más son integradas las perspectivas que trazan lo "subjetivo" tras el territorio. Sin embargo, gran parte de los esfuerzos en esta materia, han cuestionado la capacidad de intervenir las comunidades territorialmente conformadas desde una mirada centralista. ¿Cuán representativos son los mapas geo-políticos de la realidad subjetiva de las comunidades? ¿Cómo definen a las comunidades, la génesis de su asentamiento, el orígen de sus individuos y los factores socio-históricos de su actualidad? Muchas de estas preguntas emergen cuando hablamos de "lo indigena", "la marginalidad", la "integración migratoria" y por qué no también "la pobreza". Más interesante aún, es la manera en que la investigación social aplicada se esfuerza en descubrir los orígenes de la comunidad, escarbando en, cómo las comunidades responden a los estímulos geo-políticos, cómo estructuran sus bases productivas, y cómo conforman redes de apoyo y de subsistencia. Mucho menos esfuerzo se ha aplicado en interpretar los canales de comunicación de sus individuos, la construcción de la realidad subjetiva de su territorio y la interacción expresiva entre sus creatividades. Pareciera que siempre, la perspectiva se dirige hacia lo social organizado y nunca a la actualidad interpretada por el conjunto de cada uno de los individuos. Me parece importante por ello, contribuir al debate desde una mirada más exploratoria que científica, entendiendo lo social como la suma de los imaginarios individuales y la organización creativa de lo colectivo. Ya en 1951, Georg Simmel declaraba en un artículo para la Reader in Urban Sociology que:
"El tipo de individualidad propio de las metrópolis tiene bases sociológicas que se definen en torno de la intensificación del estímulo nervioso; la cual resulta de los cambios suaves e ininterrumpidos en la recepción de diferentes tipos de incitaciones para obrar interna o externamente. Siendo el hombre un ser diferenciante, su mente se ve estimulada por el contraste entre una impresión momentánea y aquella que la precedió. Por otra parte, las impresiones duraderas, las que se diferencian ligeramente la una de la otra, así como las que al tomar un curso regular y habitual muestran contrastes habituales y regulares, utilizan por así decirlo, un grado menor de conciencia que el tumulto apresurado de impresiones inesperadas, la aglomeración de imágenes cambiantes y la tajante discontinuidad de todo lo que capta una sola mirada; conforman este conjunto, precisamente, las situaciones sicológicas que se obtienen de las metrópolis." (Simmel, G., 1951, "La Metrópolis y la Vida Mental" en Antología de Sociología Urbana, México 1988)
El argumento de Simmel, recorre aquello que podríamos denominar como los efectos psico-anímicos de las ciudades. Hablamos del proceso por el cual el ser humano integra en su memoria aquellos estímulos de su entorno, que finalmente le permiten sobrevivir. Como en el campo, las extensiones de terreno son amplias y regulares, el ser humano se ve poco estimulado por elementos cambiantes, como sucede en la ciudad, cada vez más poblada no sólo de seres humanos, sino que también de edificios, letreros luminosos, comunidades culturales, calles de cemento, monumentos patrimoniales y postales turísticas. En otros tiempos, en que las comunidades se conformaban en territorios semi-aislados, el proceso de interpretación del territorio se realizaba a través de la interacción cotidiana, pero sobre todo a través de la interacción cara a cara, a través de la comunicación de una generación a otra sobre el entorno. Los mitos y leyendas son historias que narran la construcción imaginaria del territorio. Muchas veces, eran utilizadas imágenes gráficas que permitían proyectar la morfología del territorio sin necesidad de absorber su inmensidad por cada uno de los individuos de la comunidad. Los moais en Rapa Nui señalan los lugares sagrados, los lugares de meditación y también las fronteras de sus hogares. Existía un entendimiento generalizado sobre el entorno, así como no todos conocían América, pero podían saber como se veía.
Como ese patrimonio, existen otras formas en que las comunidades comprenden el territorio. En el orígen de los tambores, destaca su uso, no sólo para fiestas y ceremonias, sino que también como un medio de comunicación entre familias o tribus cercanas. La pulsión de los tambores es un mecanismo de alerta entre comunidades por la existencia de elefantes u otros animales salvajes en la selva que destrozan y comen las cosechas. En este sentido, los tambores representan un medio efectivo que logra alcanzar grandes distancias de sonido gracias a las bajas frecuencias de sus ondas sonoras. La interpretación de sonidos y silencios es un elemento de la comunicación, que también se da en las ciudades. Los carnavales y murgas callejeras conforman de alguna manera un proceso de apropiación e interpretación del territorio. A través de la generación de sonidos, absorben el entorno y reinterpretan la realidad. Aunque su origen socio-histórico tiene larga data, lo cierto es que las murgas callejeras se incorporan en América a principios del siglo XX. Si bien, se extendieron en el territorio alrededor del Río de la Plata (Buenos Aires y Montevideo), su origen se precisa en un grupo coral que llegó a Montevideo, y que debía salir a la calle a interpretar y "pedir dinero" ya que no lograban llenar de público sus funciones. Es interesante como en los últimos años se integran este tipo de carnavales a Valparaíso (otra ciudad puerto). Las murgas utilizan mascaradas propias del carnaval de Venecia y otros elementos que se incorporan creando una particular identidad.
RUTA CARNAVAL MIL TAMBORES 2009

Recientemente se realizó una nueva convocatoria del Carnaval Mil Tambores en Valparaíso. Este proceso de apropiación y significación de la ciudad a través de sus habitantes, no puede ser sólo visto como un "evento cultural" o una "manifestación artística". Es posible explorar un poco más allá -o un poco más acá- en lo que representa la intervención sonora de la ciudad. Se pueden identificar dos elementos fundamentales que organizan el carnaval callejero. Los instrumentistas y los bailarines. Los primeros, están compuestos por los percusionistas y los vientos. Las percusiones están fabricadas generalmente de materiales reciclados, aunque también muchos tambores son instrumentos fabricados de manera industrial, y provienen de escuelas y centros culturales. Los vientos y otros tipos de instrumentos acompañan el ritmo de las percusiones, generando un ambiente mucho más rico en cuanto a frecuencias sonoras. Los bailarines están conformados por hombres y mujeres, generalmente de escuelas de arte y talleres de centros culturales.

(Fotografía recuperada de Flickr)
Los sonidos de la murga, recorren las calle y los laberintos del puerto. Las vibraciones de los tambores y las frecuencias sonoras se elevan por los cerros, respondiendo con el eco que vuelve y se demora, que recorre las quebradas y busca el mar nuevamente. La murga permite conocer la ciudad y significarla de manera colectiva. Las personas se acercan y escuchan, desnudan y tiñen sus cuerpos de los colores que reflejan el ánimo. Se manifiestan como un llamado de alerta, sobre las preocupaciones políticas. El canaval concentra y expande a los individuos. Los vuelve a lo colectivo en el sentido de sus interpretaciones mutuas. Por su lado los bailarines adaptan sus cuerpos a la anatomía de las calles. Es un proceso de sentir y adaptar, de modelar los cuerpos a la morfología del terreno. Es un proceso anatómico que en contraposición a la ortopedia, no corrige el desvío, sino que articula el cuerpo físico al entorno natural cambiante. Se inventan nuevas formas de ascender y descender de los cerros, se comprende el movimiento espontáneo de los pies al cemento y no sólo en el caminar continuo, sino que también en la lucha y la pelea. Se utilizan ropas y disfraces, que como las capas de los pescadores en las festividades de San Pedro, visibilizan el soplo del viento marino. Se distinguen e interpretan los personajes que convoca los imaginarios. Incluso, últimamente se han incorporado sub-culturas más globales, como los Furry Fandom, o interpretación de animales antropomórficos.
Los carnavales más que eventos, son formas en que las ciudades se interpretan a sí mismas. Generan estímulos dirigidos a la significación del territorio y la comprensión de su morfología. Es un proceso de expresividad y comunicación. De interpretación de la comunidad e interacción física y espacial. El análisis cultural de las ciudades, permite conocer el orígen de las transformaciones psico-anímicas de sus habitantes. Su espontaneidad creativa intensifica los estímulos psico-sociales que conforman finalmente la memoria y la representación del territorio.

(Fuente: Flikr)

(Fuente: Flikr Valparaiseando)






