El advenimiento del esquema global.
El Concepto de <Paisaje> en la ontología del mundo; la ventaja Latinoamericana frente a la crisis de los modelos y la realidad global.
Pareciera ser, que por estar circunscritos-liberados al extenso territorio latinoamericano, estaríamos obligados a dejar la problemática cultural sólo como una interrogante incómoda de volver a ver, o que frente a la emergencia de las problemáticas globales, seria simplemente un tema que abriría un nuevo capítulo solo para facilitar alguna labor en la historiografía moderna.
Estar
circunscritos a esquemas de pensamientos modernos para entender una diversidad no puramente moderna, siempre significó encontrarse con
una Vasta incongruencia para entender los procesos o para comprender lo inentendible
y asimilar lo imposible. Y como no, si para vernos a si mismo en nuestra
diversidad, se partía de una idea de identidad o del concepto de identidad entendida
a priori como la unificación posible por la razón
Todo eso que parecía un tema residual de los estudios culturales, o que pertenecía más bien al campo de la antropología, está más presente que nunca, pero ya no como objeto de estudio, ni como temática para entablar una primera discusión, sino como motor de totalidad en la relación con el mundo, y en especial con la globalización.
Esto, que se parece más a una forma de existencia que a un volver a pensar sobre los orígenes, se presenta, posiblemente como una oportunidad , una ventaja frente al mundo en crisis, o frente a lo que se denomina crisis de los paradigmas bipartitos frente a la contingencia global.
El mundo está cambiando, sin embargo el esquema cartesiano ha calado tan profundamente en la cultura europea, que parece ser un modelo inaudito de fe, donde no pueden extraerse de esa condición aunque lo intentan investigando , teorizando y analizando, creyendo lo contrario, que van por el camino correcto.
¿Por qué es un problema por una parte… por qué ventaja? Es un problema porque el mundo global, que bajo una lectura spinoziana se puede entender como lo real, se ha rebelado del esquema que lo hacia “mundo real” o que lo acercaba, controlaba y hacia entendible, haciendo por lo tanto, patente el distanciamiento de la dinámica de funcionamiento Sujeto-Objeto,. Esto, debido a que, literalmente, va a otro ritmo en base a lo que siempre fuè. Se ha escindido del esquema o modelo de interacción con la realidad, para transformarse en una globalización, donde el binomio causal ya no existe más. Esto que parece ser un discurso reiterativo, y que ha venido sucediendo hace ya 20 años, todavía persiste como un tema de manera tenebrosa en todos los campos de las ciencias sociales, incluyendo últimamente a otros, como la termodinámica, la física o la neurociencia.
No es que esa escisión haya acometido de manera sorpresiva. En realidad nunca estuvo unida, sucede que en un momento dado, el esquema o modelo bidimensional de la realidad, en todo orden de cosas, funcionaba, y esa realidad con la que se interactuaba ficcionando, no tenía la fuerza suficiente para establecer un dialogo de igual a igual para con ello que lo había formado a partir de una simulación de si misma. Por entonces, la punta del iceberg se reducía a la discusión de sujeto-objeto, estructura-superestructura, o en cualquier otro término dialéctico que luego tuvo enfrentamientos con la fenomenología.
Pero en la actualidad, lo que siempre fue objetividad y objetivado, alcanzado, relacionado, y comunicado únicamente bajo mi condición de sujeto, por medio de esquemas dentro de las ciencias, ahora habla y fuerte. Todos los intentos desde la subjetividad no fueron más que sollozos, ya que la sola existencia de aquello subjetivo, implicaba la existencia de su doble, la cárcel, el objeto-sujeto.
Lo “natural”, por lo tanto, no es más estable, ni controlable, no es más eso distante que está allá, y los paraísos de la binominalidad de las representaciones en las ciencias, son anulados ahora por el advenimiento de lo global. Un problema de complejidad, simultaneidad de fuerzas y comunicabilidad del mundo.
La ventaja está en que aquello que siempre fue un problema de definición para Latinoamérica, ahora es motor de acercamiento con y lo global. El mundo, en cuanto a esquemas de relación con éste, por primera vez en siglos se estaría invirtiendo. Lo tercermundista pasaría a ser primermundista, y lo primermundista sufre en las celdas de los residuos racionales. Inclusive aún, podríamos incluir a África en esta idea. Lo que está arriba es a lo que está abajo, como lo de abajo es a lo que está arriba, aunque no son equivalentes ni intercambiables.
Para dejar en claro esta idea, profundizaremos parcialmente en la idea de paisaje, observando cómo éste es diferente, para un esquema empolvado desde Latinoamérica, y otro con el cual hemos vivido casi tres siglos proveniente desde el pensamiento iluminista.
A la inversa de lo que se cree, la cultura, entendida como conjunto complejo dador de sentido, más que ser un aspecto en el mundo, el cual es relevante de estudiar para comprender los procesos de transformaciones- sobre todo contemporáneamente- , se posiciona, sin ser excluyente de la acepción más tradicional, como una amplitud de fundamentos comunicativos, que, indistintamente del tiempo al que pertenezcan, nos permite saber el modo en que la expresiones o las manifestaciones que de ahí se desprenden, pertenecen o se asocian a un modo o modelo de desenvolverse con el mundo, y en un sentido más amplio, relacionarse con los distintos universos cotidianos, sus limites y fronteras de lo que se abarca, y de lo que queda extralimitado.
Valiéndonos de esta aclaración, podemos ver cómo el paisaje, tiene centralidad como fundamento de lo real, y de la relación con lo real, así como también, con la formación de las distintas ciudades, que hacen diferenciar en sus fundamentos a latinoamericanos, respecto de la tradición europea iluminista.

(Paisaje, Javier Villamizar, Galeria pintores colombianos: http://www.villamizarpinto.com/images/Paisaje_moderno-1.jpg)
El Paisaje es algo más fundamental de lo que se cree, y por la misma tradición del pensamiento del “...pienso luego existo...”, ha sido entendido sólo como una parte de la panorámica donde las sociedades se constituyen, o en su defecto como un aspecto funcional a la planificación. Pero el lugar periférico que ocupa no quiere decir que no exista una asimilación del paisaje, todo lo contrario, el ocultamiento de éste se vuelve central para entender por qué en Europa se hace tan difícil poder situarse en la globalización con un esquema de relacionarse con ella, totalmente absuelto.
De este modo, nos encontramos con una cuestión de origen, de fundamentos que pasan por la barrera epistemológica para llegar a lo ontológico. El Paisaje, en la tradición que adviene hace ya unos siglos, no es, como se puede creer un simple entorno, aunque en un principio así lo podemos resolver. El paisaje, además de ser el entorno con el que el hombre se relaciona, es la representación de la naturaleza por la cual el ser humano reafirma su condición de ser humano, y dicho sea de paso, reafirma a su vez la condición de la naturaleza como naturaleza. Es decir, origen del drama sujeto-objeto. Entonces el paisaje, no es solamente el entorno, es aquello que acerca, que vincula al objeto con el sujeto observante, pero asimilando previamente que existe un distanciamiento originario.
Vale decir, que el paisaje es aquella entidad representada, que conjetura una solución al distanciamiento de las sociedades humanas con todo lo que también las constituyen, el mundo. Puesto que se parte de esta premisa de distanciamiento, la única manera de hacer eso menos sufrible, es generando una imagen que haga como si el ser humano esté con el mundo, pero no está, haga como si se relacionase con el mundo, pero no se relaciona: hace como si fuera con, pero lo es con la simulación de ese con. Es decir, se parte de la idea originaria de que no existe mundo, sino ser humano forjador de mundo, por ende, forjador de cultura. Esto, no solo reivindicaría la posición antropocéntrica de todo el acontecer humano, sino también sería el gatillante de todos los procesos de crisis con aquella compleja relación con la realidad.
Como el ser humano se encuentra previo al paisaje, aunque en la naturaleza, todo lo que viene después tiene que ser posible por su razón, porque se es ante todo razón. Y aquel pequeño detalle, hace que pierda la totalidad de los procesos, pero creer al mismo tiempo, como premisa fundamental, que aquello que hace, lo está realizando junto a la realidad, junto a una totalidad que por su mismo proceder ha despojado y distanciado. Por esta razón , el pensamiento de la equivalencia europea y anglosajona, en la actualidad hace estragos, debido principalmente a que eso que es ahora globalización, no puede ser más lo que era antes, en cambio el esquema de relación y cosmovisión desde la razón iluminista, no puede desprenderse de esta llamada simulación, en donde el Paisaje aparece como central. Y como no, si con representaciones el mundo puede funcionar, y funcionó ya casi cinco siglos de esa manera, salvo que una parte de la rueda “no gire al compás de las manecillas del reloj…”
“…Lo único que crea cultura es el paisaje, y eso lo tenemos de maestra monstruosidad… … … Una cultura asimilada o desasimilada por otra no es una comodidad, nadie la ha regalado, sino un hecho doloroso…igualmente creador, creado (...) Por ese olvido de estampas esenciales hemos caído en lo cuantitativo de las Influencias, superficial delicia de nuestros críticos que prescinden del misterio del eco, como si entre la voz originaria ... ... ... Y el eco no se interpusieran, con su intocable misterio, invisibles lluvias y cristales (pp. 184-185).[1]”
Por el contrario, y tomándonos de la cita anterior, el Paisaje latinoamericano no se encuentra ni antes ni después del ser humano, ni puede ser una representación, porque es en el paisaje, donde se ejerce el conjunto, en donde el ser humano no está disociado, ni como creador, ni como destructor, aunque hayamos emprendido y forjado gran parte de nuestras ciudades bajo el esquema anteriormente referenciado. Para ser más explicativos, lo natural que vendría a ser el mundo o la amplitud de aquello, genera un paisaje que es a su vez paisaje y naturaleza, es la expresión de la totalidad. El ser humano, se encuentra en ese paisaje, y desde ahí la cultura viene a ser la expresión de aquella totalidad. Por esta razón señalábamos anteriormente que la cultura no puede ser solo entendida como un aspecto, o rasgo de las sociedades, sino como un encuentro con los fundamentos que tienen las sociedades, para ejercer-se- como realidad. Cabe señalar, que a diferencia del modelo de paisaje iluminista, el paisaje latinoamericano, no puede resolver originariamente el hecho de estar en y con el mundo, es por ello que surge el cuestionamiento sobre la identidad, es por ello que la búsqueda del somos ha penetrado casi como una tradición en los estudios de identidad, es por esta razón que estar incrustados en el paisaje, en lo abierto, coloca al ser como símil, simétricamente a la ciudad, pero potencialmente, simétricamente a lo que se encuentra perpetuado en el mismo paisaje.
Esta última idea es fundamental para comprender nuestra ventaja frente a la europea. Porque por primera vez en temporalidades, estamos asistiendo a una reflexión no ideológica, no latinoamericanista, ni esencialista sobre el modo en que los territorios latinoamericanos se constituyen. La imagen de Latinoamérica en esa vinculación con la cultura, no sería por lo tanto una emulación a partir de la creación del paisaje, sino una realidad constitutiva precisamente de la diversidad cultural:
“…La imagen de América como «espacio gnóstico» (espacio de/para el conocimiento), como digestión de lo recibido «capacidad incorporativa (apertura a la recepción de influencias) y «alquimia trasmutadora» (reconstrucción, relectura,)…”[2]
Ocurre que al igual que la primera relación del paisaje, la simulación latinoamericana se direcciona por haber vivido una simulación que hicimos propia. Por simular la simulación que se hizo del paisaje, pero que finalmente nunca se pudo internalizar. Es decir, que hemos vivido incómodamente con un modelo del mundo, y de la relación Paisaje-cultura, aunque no en su totalidad. La misma flexibilidad de estar incrustados al paisaje, hace aceptar, pero al mismo tiempo potenciar la capacidad de adaptación, lisa y llanamente porque se está en lo real, y no escindidos originalmente de ella. En otras palabras, se jugó a la escisión de la modernidad de la imagen-mundo en términos Heideggerianos, siendo en eso pero no en su totalidad, ya que serlo, ya es de por si problemático, en todo nivel, sea el político, el administrativo, el científico hasta el espiritual.
(J. Vermeer, Vista de Delft http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Vermeer-view-of-delft.jpg)
(D. Rivera, Popol Vuh, http://www.studiolum.com/wang/diego-rivera-creation-popol-vuh-550.jpg)
Aquí podemos ver, dos expresiones de los diferentes esquemas en su relación con el mundo a partir del paisaje. Por una parte, una de las obras más relevantes del pintor Holandés Vermeer: Vista de Delft, y por otra la posición originaria del modelo de paisaje latinoamericano, en la expresión y el origen del mundo de Popol Vuh. Claramente, el objeto de mostrar dos imágenes, no es el de teorizar sobre arte, sino encontrar aquellos significantes que generan y se expresan en las obras de acuerdo a lo que ya hemos expuesto
Vermeer, expresa con claridad, el paisaje de un puerto vacío. En el Albor del 1600, cuando esta fijación y relación con el paisaje, se estaba recién forjando. La ciudad es eso, una creación en donde unas pocas personas se pueden acercar con distancia a interactuar con ella, pero finalmente es ingente por la misma formación que él ser humano le ha dado, una formación en base a esa cultura determinada. Esa desolación constructiva en la imagen, del sujeto- objeto, aunque no evidencia de por si el paisaje extenso representado, es a su vez la manera de hacer próximo lo que no puede ser próximo porque está fuera de si, la realidad, por eso el cuadro, por eso el vacío. Lo próximo y la relación, queda por lo tanto reducida a lo que se puede alcanzar, el paisaje como imagen-mundo.
En cambio en el referente a la épica del Popol Vuh, podemos ver la extensión. La incrustación del conjunto, del ser humano-mundo, y el paisaje como lugar donde se expresa la formación de ese mundo. Quiere esto decir, que las relaciones de todos los elementos en ese cuadro, todas las formas posible generan cultura, y la mirada no puede estar disociada porque en su origen el incrustamiento está dado.
Revisando parcialmente el concepto de paisaje, hemos fijado un punto fundamental para la actualidad. La globalidad amerita globalidad, que no es lo mismo que universalidad ni perdida de lo local., todo lo contrario La globalidad exige una reinvención de las lecturas, y más allá de las lecturas, del modo en que se relaciona con la realidad.
La ventaja se encuentra entonces, en que mientras gran parte de la humanidad cree estar hablando de una realidad, no sabiendo que el esquema utilizado aún prosigue bajo la lógica del paisaje simulado, es decir, caduco; la otra tiene en sus manos, con un asidero cultural, la capacidad de estar con la realidad, ya que el modo originario no separó su vinculación con ella, ni tuvo que generar una imagen del mundo para aproximarla en su vinculación.
Lo que queda de ahora en adelante, es seguir profundizando sobre esta materia, hacer el ejercicio de desempolvamiento. Principalmente por todas las emergencias y transformaciones que tiene como punto epistémico al territorio. Al contrario de lo que pueda creerse, y despojando todo aire sensible y esencialista de Latinoamérica, pareciera ser que estamos en un momento donde la emergencia de la contingencia, sólo contará con algunos lugares que pueden ser protagónicos, y otros tal vez quedarse como periféricos. Pero para esta instancia, los movimientos ya no son lógicos, planos, ni causales, sino en relieve, con virtualidad y materialidad comunicando al mismo tiempo, con clima y tempestades hablando al mismo tiempo. En definitiva, con territorios que cobran centralidad ya no solamente como un lugar, o un espacio muerto cartografiable, sino como conjuntos de materialidad condensada que se comunican (económica, cultural y políticamente), donde la virtualidad se mezcla con todo lo que allí se produce, y principalmente, donde todo existe y puede ser posible.
[1] Mataix, Remedios (2002) Para una teoría de la cultura: La expresión americana de José Lezama Lima Cuadernos de América sin nombre, Cuadernos de América sin nombre dirigidos por José Carlos Rovira N°3
[2] Ibíd.








De todas maneras genera una estimulación general sobre el conocimiento. Si incluso depuramos un poco los conceptos, sería interesante comprender como se relaciona, por ejemplo:
el ser humano --> lo individual
el ser colectivo --> lo social
el ser en el mundo --> lo global
el ser simulado --> lo cultural
Dentro de este esquema, podemos advertir como "lo social" se ve desplazado por "lo global" en el órden de las jerarquías, como "la comunidad internacional", las "organizaciones mundiales de...", etc. De la misma manera en que "lo individual" se ve sometido al gusto comunicativo o "lo cultural". Siempre queda la duda si el esquema existirá sólo desde una "globalidad centralizada", bajo el esquema de las organizaciones internacionales y de los medios de comunicación e industrias culturales, o desde la multiplicidad de comunicaciones inter-territoriales, como una vuelta a las ciudades estado europeas y una exageración ritualística de los flujos de comunicación.
Aunque oculto, la perspectiva "latinoamericana", no es menos racionalizada. Espontánea a los estímulos sí, pero por ello susceptible también a las variaciones trágicas.