
El 30 de octubre de este año (2009), murió el
antropólogo francés Claude Levi-Strauss. Parece importante cuando estos hechos
ocurren, detenerse a reflexionar acerca del pensamiento y el legado intelectual
que deja a nosotros su ausencia. Activa en la lectura y viva en sus escritos,
los aportes de este intelectual son múltiples. Más que realizar una revisión
biográfica o dar detalle de los postulados que se vuelven esenciales del
conjunto de su arquitectura conceptual, me interesa en esta ocasión continuar
una conversación que Levi-Strauss legó a la actividad académica en su “lección inaugural de la cátedra de
antropología social, impartida en el Collège de France el martes 5 de enero de
“A riesgo de ser acusados de paradoja, nos parece que en la teoría del “hecho social total” (tantas veces celebrada luego, y tan mal comprendida) la noción de totalidad es menos importante que la manera particularísima como Mauss la concibe: hojaladra –digámoslo así- y formada de una multitud de planos distintos y adheridos. En lugar de aparecer como un postulado, la totalidad de lo social se manifiesta en la experiencia: instancia privilegiada que se puede aprehender al nivel de la observación, en ocasiones bien determinadas, cuando se “ponen en movimiento… la totalidad de la sociedad y de sus instituciones”. Ahora bien, esta totalidad no suprime el carácter específico de los fenómenos, que permanecen “a la vez jurídicos, económicos, religiosos y hasta estéticos, morfológicos”, dice Mauss en el Essai sur le don; al grado de que acaba por consistir en la red de las interrelaciones funcionales entre todos estos planos.”[1]
En los cuestionamientos y reflexiones que nos entrega Levi-Strauss, podemos identificar una clara afinidad por comprender el pensamiento humano desde el ser humano. Reconocer las causas prácticas de las formaciones sociales y las estrategias de vida de los integrantes de una misma construcción cultural, nos permiten descifrar lo más profundo de las angustias humanas, la formación de la cotidianeidad y el origen del mito (“una respuesta a la cual no hubo pregunta”). Pero ¿cuál es el fondo de los cuestionamientos de este teórico que vivió parte de su vida entre la cercanía y la lejanía de los avatares del tiempo? Su pregunta podría pensarse de la siguiente manera: si sólo hemos vivido lo suficiente para conocernos a nosotros mismos y a nuestro entorno, y todo lo que conocemos se lo debemos a la ciencia escrita de un pasado común, ¿cómo puede ser posible que lo que creemos sea parte de una verdad elevada? ¿Cuánto de engaño sufre la historia en el relato continuo de sus individuos? Y ¿por qué, por la azarosa realidad del nacimiento, es una cultura particular, la dueña de nuestro orden de los conceptos? En este juego de subjetividades estructuradas, sólo es posible conocer el “hecho social total” a través de la lógica interna de sus elementos (de los elementos que conforman lo social). Y es por esto que nos adelanta:
“La antropología social no se acantona en una parte del dominio de la etnología; no separa cultura material y cultura espiritual. En la perspectiva que le es propia –y que tendremos que ubicar-, les consagra igual interés. Los hombres comunican por medio de símbolos y de signos; para la antropología, que es una conversación del hombre con el hombre, todo es símbolo y signo que se plantea como intermediario entre dos sujetos.”[2]
Es claro, que la lógica cultural de las distintas sociedades no corresponde a un hecho aislado en la voluntad de sus individuos, pero sí –según nuestro teórico- corresponde a una “toma de decisiones”, a la virtualidad de la elección sometida al flagelo constante de la realidad natural, de la exigencia intempestiva del mundo frente al hombre. Y es en este sentido, que el símbolo y el signo cobran relevancia para el estudio de lo social. Como elemento gravitante entre el imaginario colectivo y la representación de lo real. Como la búsqueda originaria del ser humano en su estado vivo, entre la absorción elemental de la naturaleza represiva y la comunicación metafórica entre las partes. Cuando volvemos la mirada hacia lo social, caemos comúnmente en el error del método: reafirmar al modelo por sobre el objeto. Claude Levi-Strauss, a pocos días de su muerte, también nos invita a reflexionar sobre el conocimiento. Sobre la actualidad de éste y el desfase institucional de nuestras ideologías. Nos invita a repensar lo social y derivar en nuevas rutas. A comprender la sociedad desde sus distintos elementos, como la tecnología, la religión, la magia, el rito, etc. Sin lugar a dudas, Claude Levi-Strauss representa una fuente inagotable de conocimiento para las ciencias sociales. Espero en este pequeño homenaje póstumo aportar a la continuidad de sus discusiones y reflexiones sobre lo social.
Claude Levi-Strauss (1908 – 2009) Fue un influyente antropologo del siglo XX. Desarrollo el enfoque estructuralista en las ciencias sociales. |
Enlaces:
Murió a los cien años el antropólogo francés Claude Lévi-Strauss - Revista Ñ El Clarín (03/11/09)
[1] Levi-Strauss, C., “Antropología Estructural”, decimotercera edición en español, 2004, siglo XXI editores, p.12
[2] Íbid.







Gracias al señor Levi Strauss, podemos pensar el siguiente cuestionamiento... y bueno..¿Qué cosa es su propuesta estructural sino lo que quiso pero no quiso hacer..?
Ese es el problema de fondo. Por lo visto en las citas, Levi Strauss se expresa totalmente diferente a la generalización efectuada en sus obras e investigaciones, como por ejemplo en Estructuras elementales del parentesco... ... ... A lo largo de toda su obra y a través de arduas investigaciones, va simplificando y haciendo geométricos los modos de relaciones y generaciones mitológicas, sobre todo desde la diversidad de los aborígenes.
Pero, claramente, esto no hay que mirarlo con resquemor o recelo, de otra manera. habría que hacer un trabajo un poco dificultoso desde la reflexibilidad . Que consiste en introducirse al interior de la óptica de su pensamiento, a fin de que no se tienda a la equivalencia geométrica de las relaciones...que es a lo que llega, producto de la imagen-mundo.