De una ciudad con universidades a una Ciudad – Universitaria
Segunda parte: La reafirmación conceptual de una ciudad universitaria a partir de la idea de Ciudad-Biblioteca

Recapitulando
Como establecíamos en la primera parte de la discusión, a modo introductivo, dejábamos en claro la deficiencia o poca coherencia existente entre el sistema bibliotecario, el funcionamiento de la ciudad de Valparaíso, y la proyección del conocimiento en base a un modelo de ciudad universitaria.
Esta reflexión derivaba a su vez de una doble coordinada fundamental que no ha sido tomada en cuenta. La falta de dotación y falta de una matriz de origen que vinculara el sistema bibliotecario con el funcionamiento originario de la ciudad. La dotación se podría revertir otorgándole recursos materiales, en este caso sean documentales, bibliográficos o audiovisuales, en dirección a la biblioteca pública por excelencia de la ciudad de Valparaíso: la Biblioteca Severin. Sin embargo ya sabemos que la coordinación desde la DIBAM – para bien o para mal- hace reducir el espacio político y de flujo de conocimiento de la biblioteca Severin, a un sentido de la equivalencia entre todas las bibliotecas del país, cuando posiblemente lo atingente estaría en activar no la equivalencia sino lo que produce la ciudad en singular.
La lógica nos induce a pensar que solucionando el problema de la dotación bibliotecaria en un sistema metropolitano, se puede mejorar la condición de información y conocimiento en una ciudad. Pero bien sabemos que existe un problema mayúsculo no previsto, el de Matriz de origen. Aunque dotáramos a la ciudad de Valparaíso con una biblioteca de estándares internacionales, focalizando una cobertura apta para la cantidad de población, y además con una línea de flujo dispuestas con las comunas respectivas del complejo metropolitano, eso no tiene sentido ni sustento, si no existe una planificación coordinada con los motores de presunto desarrollo que mueven a la ciudad, una “Ciudad universitaria”
La falta de dotación enmarca un cuadro triste, que es el de tener –sin prever- un público de carácter universitario potencial, vinculado de facto a lógicas de conocimiento, pero sin una estructura que compagine el puzzle o la suerte de “explosión” estudiantil. Pero existe otra situación más triste aún. El problema de la dotación, sin menospreciarlo, es algo vinculado más con los recursos, pero no tener ni considerar una proyección política del conocimiento, abierto y en funcionamiento con todos los elementos conectores de la ciudad, es sencillamente una contradicción casi absurda. Absurda porque equivale a imaginar a un estudiante sentado, con sus libros y su escritorio, con su capacidad visual y auditiva, pero expresar que en esa realidad y en ese cuadro de verdad no hay un estudiante, y que éste no puede ni coger los libros, ni generar una idea autónoma.
La matriz de origen no solamente hay que acotarla a la opacidad en la falta de propuestas de los sistemas bibliotecarios en las universidades, sino también a la soberanía y funcionamiento de la política en la ciudad, que predestina a que este panorama sea cada vez más oscuro. Se tiene pero no se tiene una dotación, del mismo modo no se tiene un conjunto de ideas claras que cobren materialidad al proyecto de acuerdo al hecho –real- de ser ciudad con Universidades. En resumidas cuentas, el problema de Matriz de origen es como hablar de una ciudad con universidades y no universitaria. Si se lograse articular de algún modo la matriz de origen metropolitana en relación a la(s) biblioteca(s) de la ciudad, estaríamos contribuyendo no tan sólo a un bien de realce ciudadano, sino también colaborando en el paso de ser ciudad de universidades a ciudad universitaria.
La vinculación: metrópolis- biblioteca-ciudad universitaria, no es una relación al azar, así como tampoco es un antojo intelectual. La matriz de origen se resuelve en gran parte ahí, en esa articulación que existe desde la biblioteca como expresión y dinámica metropolitana del conocimiento, pero al mismo tiempo, en relación a una política de ciudad: la de Ciudad Universitaria.
Metropolitización bibliotecaria.
Siguiendo entonces el problema que concierne a la matriz de origen, podemos señalar que la Biblioteca Severin de Valparaíso, ex biblioteca de la ciudad, ahora en manos de la DIBAM (Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museo)[1], carece en términos de organización, tanto de sus recursos técnicos como en los fundamentos orgánicos, de un componente que coordine la información de modo metropolitano.
Esto tiene demasiadas respuestas y puntos de vista. Una de las respuestas la podríamos encontrar en la administración centralizada desde la DIBAM (Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museo), que propone un orden y política unitaria que bien pudiera servir para comunidades alejadas, sin recursos y sin la suficiente sinergia producida en el lugar como para dar curso a propuestas. Valparaíso, pareciera estar un paso al lado y distante de este grupo.
Una segunda tiene que ver con el mal entendimiento de la política y con los límites de la misma. Los límites todos los podemos reconocer, donde aparentemente se toman decisiones en la ciudad para la ciudad, pero vemos que finalmente la realidad nos dice otra cosa, debido principalmente a la estructura política del país en donde el regionalismo es sólo aparente. Por ende pensar o planificar un sistema bibliotecario o una biblioteca-ciudad para una ciudad universitaria, tiene delante de él la inoperancia en las decisiones que emanan desde la ciudad, a lo que se le suma la presencia de la misma DIBAM organizando todo de acuerdo a parámetros de país.
El mal entendimiento de la política por su parte, tiene que ver más con reconocer en la política, una organización de decisiones de ciudad. Esto no significa que no exista ideología ni praxis, al contrario, implica un paso más allá, que tiene que ver por sobre todo con generar una política de acuerdo a la ciudad, en donde pensar una ciudad universitaria, es prioridad y emergencia política, así como obligación no solo de los mal llamados “políticos” sino de todas las entidades que conforman un radio de decisiones al respecto. En este caso serían las universidades, y toda entidad vinculada y productora de conocimiento.
Pues bien, nada de esto se ve, no se ha dado señal ni luz alguna de referirse conceptual o prácticamente a una matriz de origen que vincule el conocimiento a nivel metropolitano, en este caso a las bibliotecas.
Debido a una búsqueda parcial y a referencia que nos aportaron dentro del sitio[2], encontramos ejemplos de bibliotecas que compactan una vinculación metropolitana de sus recursos. Si observamos en la red de bibliotecas “Medellín área metropolitana”[3], notaremos de inmediato que sus recursos están organizado técnicamente bajo catálogos con sentido territorial. La gracia de compactar los recursos a nivel metropolitano, es que logra mantener la ventaja de pertenecer a una entidad más dinámica – sea en propuestas como en modificaciones- que a una de entidad pública, en donde las dimensiones no logran ser plausibles, menos modificables y acordes a lo que vaya necesitando cada territorio. El catálogo de Bogotá[4], nos indica la misma lógica. De hecho, no perdiendo una perspectiva pública logra dejarle la autonomía referente a la necesidad de dinamizar el conocimiento de manera local.
Ahora si examinamos nuestro caso, el de la Biblioteca Severin[5], nos encontraremos con un espacio que aunque bien respecta a una entidad ya pública, no tiene ni vislumbra el desarrollo de un vínculo metropolitano. Es más, la mayoría de los recursos obtenidos mediante catálogo y búsqueda directa, remiten, como ya habíamos señalado, a otra ciudad, que casualmente o no, coincide con Santiago. Es decir, una biblioteca que siendo “pública” se encuentra totalmente desterritorializada, sin vínculo alguno aparente con lo que se dinamiza a nivel metropolitano o a nivel regional, y lo que es peor, teniendo aún en teoría un contingente de conocimiento potencialmente en crecimiento como son las universidades, y una denominación por la cual en suposición se trabaja: la de ciudad universitaria.
Es por eso que la Matriz de origen, es un síntoma que acusando a cualquier sentido temporal, no puede eludirse. Ahora bien, la insistencia a nivel metropolitano tiene que ver por la lógica que emite la ciudad, no por asignación o voluntad propositiva a título personal. Si Valparaíso no tuviera en su agenda la proyección de una ciudad universitaria, es decir, ciudad donde el conocimiento es el talismán, la matriz de origen no tendría la urgencia de resolverse a nivel metropolitano, sino de un modo más bien compactado a nivel general.
Pero sabemos que el nivel metropolitano es sólo una parte de la extensión, aún resta repensar el rol de la organización universitaria, y revisar en que sentido resulta ser más que un vinculo forzoso, casi una conjetura del desarrollo bibliotecario en una ciudad, así como del desarrollo de una ciudad bajo el concepto “Universitario” El lugar donde ambos caminos se encuentran y se conducen.
[1] http://www.dibam.cl/
[2] Ver la primera parte, comentarios.
[3] http://www.reddebibliotecas.org.co/Sites/bibliotecas/SearchCenter/Paginas/InterfazJanium.aspx
[4] http://unicornio.biblored.org.co/
[5] http://www.bibliotecaseverin.cl/






