Copenhagen, Denmark 2009, ¿Qué es lo que está en crisis?

Enviado por Gino Bailey Bergamin el martes, 22 diciembre, 2009 a las 17:59

Copenhagen, Denmark 2009, ¿Qué es lo que está en crisis?

Crítica a la abstracción del Estado-Nación territorial

 

Lo que está sucediendo en Copenhagen, es un hecho que evoca a algo más profundo que  la emergencia del cambio climático y un conjunto de demandas de supervivencia planetaria.

No pretendemos bajarle el perfil a las razones y motivos por los cuales muchos se ven esperanzados y movilizados hoy por el planeta y porvenir de un futuro. Tampoco queremos restarle importancia al cambio de los procesos medioambientales que vive el globo, más aún cuando estos han sido acelerados a tal punto que el llamado clima suele expresarse como un ente en total “fuera de control”

Pero hay que entender que la piedra angular del fracaso de Kyoto y de los eventuales puntos aún sin resolver en Copenhagen, no se encuentra en la avaricia de los algunos gobiernos, ni en la lucifèrica imagen del capitalismo, como algunos mandatarios hicieron alusión en la cita, al contrario, se debe o está, más próxima a una convulsión puesta no sobre la legitimidad del Estado-Nación, sino depositada al dolor, o a lo doloroso que significa abandonar dicho modelo de un territorio espiritual.

 

Se pensó por un momento este Copenhagen como una radicalización de las medidas fallidas del tratado de Kyoto. Era urgente entonces posicionar, como uno de los principales puntos la reducción al 50% de las emisiones de carbono (Co2)[1] para aquellos países hegemónicos en nivel de productividad, así como también obligar a una política de reinvención energética de los mismos, que se tradujera en hechos reales con fecha enmarcada y delimitada. Esto que aludimos proviene del seguimiento de importantes entidades como Newscientist[2] quienes entre otras, tienen un prestigio reconocido en la labor medioambiental, y que además ha cubierto de manera directa el evento.

Si pudiéramos sintetizar algunos de los puntos más recurrentes, dejando afuera aquellos que remiten a un modo o problema de estructura imposible de resolver dentro de Copenhagen 2009, estarían en discusión:

Þ    La reducción de emisión de Co2 para aquellos países que liberan la mayor cantidad de carbono , reemplazando a su vez el modo energético de zonas aún no desarrolladas, o en los sectores rurales que dentro de los “países en desarrollo”, pueden reemplazar el modelo siguiendo por ejemplo la utilización de  energía solar[3] (Warming non-CO2 )

Þ    La previsión política. Amoldar una política frente a cambios globales relativos a la producción agraria.

Þ    El desarrollo de energía eléctrica como parte de la agenda política de todas las naciones, teniendo como ejemplo más evidente, el transporte público en la ciudad planificado a partir de la energía eléctrica.

Þ    Lo imprevisible del clima. Adaptar las ciencias a las nuevas lógicas y expresión del mismo, creando nuevas metodologías que lo puedan entender.

La abstracción del modelo Estado-Nación territorial

Al revisar cada uno de estos puntos, vamos encontrando un confín común dentro de aspectos que pueden parecer diversos. La reducción de Co2, es algo que en un cuadro comunicativo, puede ser fácilmente entendible y “justo” para dos personas de cultura occidental que creen en la razón comunicativa, pero ¿por qué Abuja, tendría que renunciar y reinventarse respecto al modelo de desarrollo que gran parte de occidente y oriente ha cursado para alcanzar una condición de desarrollado? O ¿por qué habría que pensar una previsión política de escala global para estos cambios sólo cuando aparece una situación de emergencia?

El problema de fondo es porqué las medidas de transformación siempre tienen como límite, eso, la medida y no la transformación con todas sus implicancias. El sólo hecho de reducir el 50% de emisiones para los Estados Unidos y China, significaría un foso poco previsible de la economía global, ya que si la producción se reduce, se reduce también la dinámica de consumo, lo que traería por consecuencia, un alza de precio en toda la producción entendida bajo un orden equivalente, y el alza distributiva de aquellos bienes elásticos a la especulación financiera, es decir, desde comestibles, granos hasta electrodomésticos.

Hay que entender que además, después de la guerra de los treinta años, cuando arremete la construcción de los estados modernos en occidente, la lógica expansiva y  cosificadora de la territorialización moderna, en base a la abstracción cultural de las naciones, trajo el triunfo del modelo, sin respetar jamás siquiera a la humanidad, menos a la llamada Naturaleza. No bastaron ni las guerras, ni los regimenes autoritarios, ni las revoluciones para sopesar que la muerte de una persona podría cambiar el destino del modelo.

El problema de fondo está ahí. ¿Por qué el comportamiento tanto en el tratado de Kyoto como en la reunión en Copenhagen no puede ser cabalmente transformador ante una situación de emergencia?

En esta pregunta sin respuesta universal, existe un trasfondo comunicativo de todos los sistemas que interactúan. No se renuncia porque se cree como acto de fe inaudito en el modelo. Porque renunciar al modelo sería renunciar inclusive a las demandas medioambientales, que paren de la misma forma de estructuración territorial moderna, la misma que diseñó Hobbes después del terror que le provocó la guerra de los treinta años.

La situación crítica está más allá de las demandas, más allá de la emergencia. Es ahí cuando la comunicación sistémica se convierte en una conducción, porque si demandantes y demandados, víctimas y victimarios se relacionan en este reino como equivalentes, es el trasfondo comunicativo, en este caso con lo natural, lo que nos remite a algo que escapa a nuestra mente de lo “natural”. Es entonces cuando lo que vemos como urgente deja la apariencia de ser urgente, cuando lo aparentemente destruido deja de ser destruido, porque la lógica comunicativa es otra, y es en esa dirección- la comunicativa- en la que sintoniza “la naturaleza”, que para el pesar de mucho, ha dejado de ser “naturaleza” tal cual como nos la estructuraron.

 



[1] http://www.camecon.com/consultancy_capability/euro_sectoral_analysis.htm#Examplesofourwork

 

[2] http://www.newscientist..com/

 

[3] http://www.newscientist.com/article/mg20427383.600-the-research-that-might-save-us-after-copenhagen.html

 

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hans knaak ugas
hans knaak ugas el martes, 22 diciembre, 2009 a las 21:22

me parece excelente articulo pero hay tres puntos en los que difiero y por amor al arte y a enriquecer el dialogo los socializare...

primero considero que una de las ventajas de la creciente interculturalidad es la valoracion del planeta como territorio espiritual que lamentablemente solo puede ser experimentado en terminos de traslacion fisica por quienes tienen los medios para hacerlo, pero como experiencia intitma es el fruto de la relacion de muchos, muchisimos, en su contacto con lo que tu llamas la naturaleza.

 

segundo que esta idea de naturaleza a la que aludes, ah cambiado radicalmente asi como ha cambiado tambien nuestra idea de nosotros mismos, idiologicamente a través de lo efectivo que es la implantacion de las dinamicas de competencia y comparacion, y su posterior naturalizacion desde el funcionalismo, pero la naturaleza misma, es decir, como objeto en si, como ser en si, los ciclos perfectos que permiten los ordenes celulares y la homeostasis y simbiosis como propiedades de los sistemas complejos, sigue siendo la misma, por ende creo que no es el planeta el que esta en juego, sino que objetivamente es el devenir de nuestra humanidad, y subjetivamente la supervivencia de nuestro humanismo.

tercero creo que el decrecimiento es una alternativa plausible que va acompañada de un cambio de modelo, cambio de paradigma que implica lo idiologico profundo, aquella concepcion que tenemos de nosotros mismos muchas veces inconciente y actualmente regulada por el mercado en sus distintas formas, incluso el mercado de la academia, y que es posible generar desarrollo sustentable y sostenible en las grandes potencias volviendo a usos y practicas mucho mas racionales apelando al concepto (que tanto nos gusta) de habermass de racionalidad comunicativa, pero libres de la racionalizacion irracional de la tejne por la tejne o mejor dicho, de la tejne por la produccion de capital. Estos nuevos modelos se estan implantando en numerosos lugares del mundo, ecoaldeas villas y experimentos, unos mas autonomos que otros, pero muchos de ellos han logrado constituirse en valuartes de rescate cultural y de practicas de desarrollo inteligente y solidario (sobretodo en nuestra america latina)

Un gran abrazo fratello y sigan adelante con su revista es un gran aporte al debate y la informacion!

 

hans

pd.: adhiero a quienes hayan declamado su intuir tal naturaleza espiritual en el capitalismo!

 

 


Claudio Riquelme
el sábado, 26 diciembre, 2009 a las 17:25

Digamos las cosas como son. Un aparente cuidadoso uso del lenguaje comunicativo no remplaza lo erróneo de lo fundamental de las opiniones vertidas en este artículo.

Es evidente que la motivación principal está en hacer una crítica a los representantes de un grupo de naciones latinoamericanas que se atrevieron confrontar a EEUU y países ricos de Europa, indicando que su forma de producir y consumir coloca en permanente peligro a la humanidad. ¿Pero qué origina esta crítica?

Al margen de lo esperado por los 193 gobiernos presentes en Copenhague, Los países ricos liderizados por EEUU, redactaron un acuerdo excluyente que amenaza con anular el acuerdo de Kioto, colocando sus intereses de hegemonía económica y política por sobre el destino de la humanidad. Acuerdo avalado por una minoría de 25 países, que contaron con el apoyo por Brasil, China, India y Sudáfrica, países con profundos problemas de pobreza pero con un desarrollo empresarial ligado a los mercados e instituciones financieras de los primeros.   

Acaso no es evidente que cualquier iniciativa orientada a solucionar los profundos problemas que enfrenta la humanidad, siempre se han estrellado en contra de los intereses de los imperios que colocan la racionalidad del cálculo por sobre una racionalidad humanitaria, lo cual no se detiene nisiquiera frente a la evidencia de de una tragedia como la que nos enfrenta al calentamiento global.

Recordemos que el Protocolo de Kioto es un acuerdo internacional que tuvo origen el año 1992 en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro, en que todos los países se comprometen a bajar sus emisiones de CO2 para evitar el calentamiento global y a una ayuda económica de los países ricos a los subdesarrollados para mitigar sus situaciones en este ámbito, con metas para el 2009, para replantearse otras posteriormente. Ante el poco progreso de la iniciativa, el 2007 se gesta el Plan de Acción de Bali, en la Conferencia de Naciones Unidad por el Cambio Climático de Bali, una hoja de ruta que traza un proceso de negociación que culminaría en 2009, es decir en Copenhague, la actual cumbre. En esta se acordaría el aporte de los países desarrollados en términos de su emisión de CO2, así como los también de los países en desarrollo y el monto de ayuda a los países subdesarrollados.

EEUU quemaría el 25% del petróleo del mundo y este y los países europeos han depositado el 76% de las emanaciones de CO2 acumuladas en la atmósfera. La propuesta presentada por estas naciones, que poseen altos presupuestos para mantener su poder, privilegios y hábitos de consumo, ofrece  reducir sus emanaciones en 2º, en circunstancias los científicos calculan que si las emanaciones se mantienen superiores a los 1,5º se acelerará el calentamiento global y sus trágicas consecuencias. Por otro lado, EEUU que posee un gasto militar de 170 millones de dólares, solo en operaciones en la guerra de Afganistán e Irak, ofrece solo 30 mil millones de dólares para los próximos 3 años llegando a 100 mil el  2020, como parte de la obligación contraída por los países ricos para la mitigación de las emisiones en los países pobres.

La propuesta de los países ricos, que dejó perplejos a todos los asistentes, está muy por debajo de lo esperado por todas las naciones y amenaza con anular el Protocolo de Kioto y dejarn al mundo sin una respuesta ante la catástrofe, además que fue gestada en un proceso en que no participaron la gran mayoría de los asistentes que representaban a diversas naciones. Esto motivó la reacción de representantes de los países del ALBA, Cuba, Ecuador, Nicaragua, Bolivia y Venezuela, los cuales expresaron su oposición, además de Sudán (grupo de los 77) y Tuvalu.

Los países ricos conforman una parte pequeña de la humanidad que pueden protegerse de las consecuencias del cambio climático y en la confusión apoderarse de las riquezas naturales de las poblaciones que emigren o mueran. Ellos no estan dispuestos a sacrificar sus privilegios y hábitos de consumo paralizando  sus muy lucrativas producciones como única forma de reducir sus emanaciones. Los pobres no pueden. Por lo que solo les queda generar condiciones para liberarse de la irracional del modelo de acumulación que ha cosificado al ser humano, por obra de un capitalismo salvaje que si es necesario no vacilará en recurrir al fascismo y ello ya se puede percibir.

 

 

 

Fuente:

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