Las ciudades en movimiento: Una mirada desmistificadora a la cristalización territorial de las ciudades en el mundo.

Aparentemente Sarkozy ha emitido un par de declaraciones más que polémicas, más que suntuosas para la sensibilidad de quienes respetan y toman una posición clara con la diversidad. Aparentemente Sarkozy es quien ha hablado a favor de una unidad nacional, de enclaves casi iniciáticos para la modernidad.
Pero no, la declaración de tintes chauvinistas – provocadora para muchos- es la voz de una fractura casi genealógica de la unidad nacional territorial moderna. El llamado hacia el consenso unitario del ser francés[1], de una inclusividad probablemente intencionada, que en realidad, y por su propia lógica, no hace más que demarcar los confines de la excepcionalidad.
Y esto queda en evidencia cuando se intenta reconstruir aquel modelo de país. Un modelo donde el “sentir frances” se encuentra extraviado y tiene que ser reivindicado, porque renunciar a eso, sería como renunciar a la estructuración de la ciudad-capital parisina, émbolo de la organización del Estado-Nación de Francia. Sería como echar por la borda el último gran respiro que queda por hacer para sentirse aún más vivos desde la fundación iluminista.
Como señala Renan en una de sus conferencias: “… … … Las naciones, entendidas de este modo, son algo bastante nuevo en la historia. La antigüedad no las conoció; Egipto, China, la antigua Caldea no fueron naciones en ningún grado. Eran multitudes guiadas por un hijo del Sol o un hijo del Cielo. No hubo ciudadanos egipcios así como no hay ciudadanos chinos… … …”[2] Lo que hizo la configuración de una idea de nación y de una capital geométricamente planificada para su organización – como se pensó Paris- fue hacer que la homogeneidad se impusiera como estabilidad en todas las diferentes lenguas y diferentes orígenes que componían cada entidad minúscula del lugar.
Por una parte podemos apreciar el proceso de homogeneización extensiva a todo el territorio políticamente delimitado y la estabilización o quietud de las entidades móviles – etnicas y lingüísticas- que eran diferenciadas, pero que ahora pasaban a ser organizadas bajo un solo concepto.
Por otro lado encontramos la simplificación racional de los procesos. Con la estructuración parisina – isomórfica[3]- hacia toda la Francia, es la simplificación organizativa la que permite desde entonces modelar y organizar una política, entendida como una extensión total incuestionable, donde todo tiene que mirar hacia aquel centro capital. “… … … Ahora bien, la esencia de una nación consiste en que todos los individuos tengan muchas cosas en común, y también en que todos hayan olvidado muchas cosas. Ningún ciudadano francés sabe si es burgundio, alano, taífalo, visigodo; todo ciudadano francés debe haber olvidado la noche de San Bartolomé, las matanzas del Mediodía en el siglo XIII. No hay en Francia diez familias que puedan suministrar la prueba de un origen franco, e inclusive tal prueba esencialmente defectuosa, a consecuencia de mil cruzamientos desconocidos que puedan descomponer todos los sistemas de los genealogistas… … … ”[4]
Existe por consecuencia una victoria del Estado territorial moderno, basada en la ficción que genera la idea de estabilidad, lo unitario, la extensión, y el policentrismo a partir de una ciudad capital por excelencia: Paris. Así podemos ver que la evolución de la configuración parisina, se produce entre 1800 y 1830 bajo esta lógica expansiva, unitaria, estable y homogénea.[5]
Es aquí cuando las palabras de Sarkozy toman una interpretación más que sustancial en subrayar aquello que se encuentra fracturado, ¿por qué el sentir frances como un discurso inclusivo para la Francia y sobre todo para una ciudad como Paris se torna polémico?, ¿qué lo vuelve polémico o un poco violento desde una mirada pluricultural?
Tomando sólo el caso de Paris, en la actualidad encontramos un gran conglomerado – sabido ya por todos- no comunitario extranjero, compuesto principalmente por comunidades provenientes desde el norte y este de África, otra presencia que viene desde comunidades chinas, y otro mosaico compuesto por gran parte del este europeo destacándose a Rumania y las localidades cercanas al Berlín del este[6].
Debemos tener en cuenta que a diferencia de otras ciudades como New York o el explosivo Québec francés, este proceso no puede entenderse como originalmente fundacional, al contrario, como una dinámica global de las ciudades en movimiento que se topa de frente con una idea totalmente opuesta a la multiconformidad. Esta tuvo su concentración principalmente en la década de los noventa, trayendo por consecuencia una política demográfica del cierre de fronteras, y la reconfiguración de la ciudad a nivel central y metropolitano, generando una ola de problemáticas donde se destaca por sobre otras aquellas de carácter habitacional en la misma reconfiguración de la ciudad de Paris.[7]
El problema, y lo señala el mismo Alain Finkielkraut, es que la idea inclusiva en el discurso de un Estado- Nacion democrático, ya no puede sostenerse en el ejercicio de “inclusividad” consensuada, debido a que la fundación se hizo en base a la idea de estabilidad, de quietismo, y de organización extensiva y homogénea en base a la idea de unidad de la población. Y, aludiendo ya a nuestra idea, eso finalmente es una ficción-realidad, y no la realidad compleja como tal.
Lo que hace Finkielkraut[8], es llevar esta idea a una cima mucho más radical, planteando que en la actualidad la única herramienta que le quedaría al Estado territorial moderno y democrático, sería aquella que traiciona a su propia democracia, planteando un holocausto de carácter planificado pensado de manera demográfica, a nivel de las políticas sociales de ciudades donde esto se ha rebelado como un punto de fuga.
En realidad son las propias ciudades y las fuerzas migrantes para algunas, las que se encargan de validar lo que conforma los cambios sociales, que en ningún modo ni sentido, se ha basado en movimientos predeterminados ni perfectamente consolidados, ni en el ahora, ni en el pasado, ni cuando más estable parecía una ciudad como la de Paris. La cristalización de las ciudades, es un mito llevado a cabo por la propia modernidad, que hace aparecer a éstas bajo un carácter unicéntrico y subordinado a aquella entidad nacional, a todo momento y sin excepción alguna.
La marginalidad creativa de las ciudades en movimiento

Tomar y haber insistido en el caso de Paris no es antojadizo sino paradigmático, es un modelo que nos sirve para graficar que el sólo hecho de reiterarlo hace que se despedace a si mismo el propio modelo. Hay que tener en cuenta que la repercusión racista no es un racismo originalmente violento. Es un racismo producto del no abandono, de no poder abandonar la creencia y la fe fundacional del Estado-Nación francés. Reconocer que en realidad existe un mosaico, que se articula desde el nivel más microscópico, es romper el axioma de exhaustividad territorial moderna.
Reconocer la deformación o cuestionamiento en la organización metropolitana, sería reconocer que la única herramienta que le quedaría al Estado- Nación territorial, sería la del Estado, y aquella expresión casi siempre en el transcurso de las pequeñas y grandes historias, ha sido de manera violenta.
En resumidas cuentas, expresarse bajo el discurso inclusivo-exclusivo “racista” del ser francés, es defender de manera aún armónica al mismo proyecto, a la misma Francia de sueños napoleónicos, y con ello, al modelo fundacional.
Sólo cabe fundamentar, que esta mistificación del quietismo moderno, tiene ejemplos por doquier que muestran lo contrario en distintas escenas de las ciudades. La formación de la ciudad burguesa, tuvo ante todo como motor fundamental un espíritu innovador de los mercantes y de los transfughi que venían del mundo rural (Guidicini, 1998) Esta marginalidad creativa fue la que, contradiciendo a los parámetros de una ciudad feudal, hizo conformar otro modelo de ciudad. El problema está cuando entendemos la conceptualización como algo fijo, abstracto y sin lugar, ya que la formación de una ciudad burguesa, no fue producto plenamente organizado, así como tampoco fue algo que frenó el dinamismo.
Lo mismo ocurre si observamos sobre las ciudades industriales. La primera imagen que se nos viene con la ciudad industrial, es aquella de la – en palabras de Guidicini- pobreza y las paupérrimas condiciones de vida de la población. Pero al mismo tiempo es la reafirmación de las fuerzas comunitarias sean de clases sociales como en una dinámica propiamente laboral. Lo que se pensó dentro de una ciudad disgregada, barrunto también en el desarrollo de la dinámica colectiva.
Para finalizar, basta recordar el mérito que tuvieron los ecólogos de Chicago. Describiendo por una parte los ghettos y la marginalización que se producía en el órgano de las ciudades, pero al mismo tiempo la dinámica de pertenencia en comunidad, que iba confrontando y armando el panorama general de los barrios.
En definitiva, las fuerzas de la ciudad aparentemente hacen un modelo totalizante cuando éstas generan un cierto dominio territorial estable, pero en el fondo eso es una gran ilusión, que al momento de plegarla con la ideología territorial moderna, genera una especie tranquilidad porque la lógica permite que eso tenga coherencia.
Pero esa coherencia está suscrita en la ficción que ha sostenido gran parte de nuestra historia estos últimos siglos. Lo problemático es que finalmente eso sigue siendo una invención, y que París, ni antes con las fuerzas germánicas, visigodas y galas, ni ahora, con los migrantes internacionales y no comunitarios, puede ocultar la transformación, en la medida que ese mismo cúmulo se vuelva corrosivo a la propia estructura ficcionada.
Seguir creyendo en eso, es obnubilarse con la ciega fe de que en realidad no existen movimientos en nuestra ciudad que están en todo momento afectándonos contingentemente, o bien, estaríamos rogando una determinación política desde el modelo, para luego generar un marco de referencia , y no al revés.
Bibliografía
Guidicini, P. (1998) Nuovo manuale per le ricerche sociali sul territorio, Milano, FrancoAngeli, Collana di sociología urbana e rurale. pp.5-27
[1] http://www.librered.net/wordpress/?p=11721
[2] Renan, E. ¿Què es una nación? En, http://www.paginasprodigy.com/savarino/renan.pdf Cit, p. 2, Conferencia dictada en la Sorbona, Paris, 1882
[3] http://en.wikipedia.org/wiki/Isomorphism
[4] Ibid. Cit p. 4
[5] http://en.wikipedia.org/wiki/File:Paris_historical_population_2.png
[6] http://en.wikipedia.org/wiki/Demographics_of_Paris
[7] http://www.citymayors.com/society/paris_immigrants.html
[8] http://www.ushmm.org/museum/exhibit/focus/antisemitism/voices/transcript/index.php?content=20080228






