Sociología Del Arraigo, una lectura crítica de la teoría de la ciudad

Enviado por Gino Bailey Bergamin el martes, 19 enero, 2010 a las 21:43

Sociología Del Arraigo, una lectura crítica de la teoría de la ciudad.

Enrique del Acebo, 1996, Buenos Aires, Claridad.

 

Para el autor en cuestión, existen en la historia de la humanidad, distintos pasajes en los que podemos observar procesos de Arraigo y Desarraigo a partir del momento en que el ser humano se ve en la vinculación con el territorio, bajo una lógica más estable, lo que entendemos por lo común como “sedentarismo”, o que la ciencia ha denominado como el paso hacia el Paleolítico.

Desde ahí podríamos observar distintas dinámicas de arraigo, ligadas a las organizaciones y modo de organización de la sociedad a la cual pertenece - arraigo social - , otro que apuntaría a la dinámica de sentido estable o de cambio – arraigo cultural –, y por último aquel que en ciencias sociales ha quedado delimitado como un campo sólo abordado marginalmente: el arraigo espacial, que yo he preferido denominar de lugar, espacio y redes.

Ese arraigo que originariamente tiene que ver con la conformación singular del territorio, y que nutriría a su vez los otros modos de arraigo. Al mismo tiempo, podemos hablar de la entidad ontológica no explorada por su carácter unitario. Este arraigo es unitario, en el sentido que cuesta disociar las fuerzas que los componen para poder explicarlo, porque es un todo con base terráquea. Como caso excepcional a las palabras de Acebo, hemos querido hacer la corrección de lugar, espacio y redes, debido a la correspondencia entre lógicas terráqueas[1] que generan territorio, y que no son necesariamente estables ni equivalentes. Basta recordar que la base constitutiva en la antigüedad se generaba por la trashumancia de distintos lugares y de ello una cultura del territorio, antes que la estabilidad nacida y criada en un mismo lugar fijado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Del Acebo hace un recorrido a las distintas formas en que este arraigo es producido en occidente, a partir de la visión respectiva de connotados teóricos de la sociología, que tenían – muchos de ellos – una lectura implícita del modelo de arraigo a la ciudad que estaban observando. Weber, Tönnies, Durkheim, Simmel, Toynbee, Oswald Spencer, Rene König, los ecólogos de Chicago, Engels y Levebvre, hacen un recorrido teórico a distintas dimensiones genuinas de la sociedad que están observando, pero al mismo tiempo observan una dinámica en la constitución de ciudad.

Ese arraigo, que en el medioevo estaba aún influenciado por la estructura jerárquica del espacio y teocéntrico, es lo que en la modernidad comienza a modificarse. He ahí el principal interés de este sociólogo, observar el paso al desarraigo, como proceso de transmutación originaria del arraigo en toda su dimensión, en especial aquella que era asidua de un lugar, para pasar a otra caracterizada esencialmente a la abstracción del arraigo, que Acebo denominaría como el desarraigo.

La división social del trabajo, entre otros acontecimientos, tendría para este autor, una connotación esencialmente observada en el proceso de arraigo/desarraigo social en las ciudades.  

Nosotros podríamos agregar la idea, de que, al menos ajustando un poco los conceptos, no se podría hablar de un desarraigo, sino de cambio representativo del arraigo. Pues bien, aquello que generó como espacio total e imaginario con la idea de Nación moderna, no es un desarraigo entendido grosso modo, sino más bien una sustitución representativa del arraigo por otra que no tenía una vinculación clara con el modelo anterior de arraigo espacial, pero que si nos permite ver en la abstracción del propio imaginario de arraigo, como algo de verdad cercano y próximo. Despojado al lugar que nadie sabe apuntar, pero al que todos pertenecieron.

 

 



[1] A su vez funcionan como modelos espaciales en donde el ser humano se ha parado para observar, producir y entender su realidad. En todo orden de cosas, desde su producción científica y técnica, hasta en las más sencillas formas de desenvolverse cotidianamente. Lugar, espacio y redes, vendrían a ser tres modelos que al menos en occidente han tenido una fuerte presencia para la significación de arraigo territorial, pero al mismo tiempo para la formación de modelos espaciales socio-ontológicos para conocer e interpretar su mundo.

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