Sucesiones simétricas de una era imaginaria topista: El complejo del modelo laberíntico

Enviado por Gino Bailey Bergamin el jueves, 21 enero, 2010 a las 18:16

Sucesiones simétricas de una era imaginaria topista: El complejo del  modelo laberíntico 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Según una narración diferente, en el palacio de Knossos existe un laberinto, donde Minos, el rey más poderoso de la región, esconde al Minotauro. Estas y otras imágenes-narraciones no menos

asombrosas [4] han dado a Creta la fama de ser tierra fértil para la mitomanía. [5][1]

 

 

 

Transmutación del mito

 

Primera escena: Minos, el reino, y el gran toro blanco

 

Minos quiere el control de su reino , para lo cual ofrece a Poseidón algo a cambio como una señal. Poseidón, le entrega el reino, como el más poderoso, pero para eso tendría que sacrificar a un gran toro blanco , de sublime forma, en sublime ser.

Poseidón, le ofrece una totalidad de control, a cambio de renunciar a la totalidad existencial, contingente y de la alternancia: el toro blanco. Minos se niega al sacrificio, porque aquel misterioso toro blanco,  es el aspecto de totalidad espiritual de todo orden existencial, que escapa al control; y no sólo eso, sino también su aspecto evocativo y seductor, de ahí su negación al sacrificio.

 

Segunda escena: El engaño y  Pasifae como dispositivo unificador

 

Minos no aceptando, y no pudiendo renunciar de manera consensuada, actúa por el engaño. Hace parecer que el toro sacrificado era aquel hermoso toro blanco, cuando en realidad, era uno cualquiera de su establo;  Minos se da cuenta que una parte de la humanidad es constitutiva al cautivo de la vida, del toro blanco.

Poseidón, al ser un Dios, nada escapa a su vista y se percata del engaño. He aquí cuando comienza la fundación de un modelo, o el sacrificio de la totalidad finita, por la in-totalidad infinita, o la apariencia infinita de una totalidad que vendría particionada.

Es así como por medio de Pasifae – mujer de Minos –  introduce la obsesión ciega de la mujer de Minos, por el toro blanco. Pasifae no puede contenerse, y actúa en consecuencia, interviene al toro, y el toro a ella, dando a luz al ser multiforme, topistico, extraño e hiperreal del minotauro.

 

¿Qué es lo que vendría a personificar esta extrañeza del toro humano?

Por un lado, una prueba más de los dioses a la humanidad, en donde Pasifae actúa como conciliador del cautivo existencial en el mundo - el toro blanco -  y el temor a su vez con la alucinación que generaba aquel espacio ontológico producido por la vinculación con el toro, lo más salvaje, lo más terreno, lo más aparentemente inhumano. Una parte de la humanidad-toro, y una parte del toro-humanidad. Nada dividido, todo unitario en lo que significa nuestro origen, el instinto y la totalidad vinculada: la complejidad.

 

Poseidón no actúa por castigo, sino rebelando el mayor secreto de la humanidad. Poseidón también es Minos, Minos es también Poseidón, y lo que quiere poner a prueba es aquel secreto unitario, enfrentado este nacimiento al control de todas las partículas del reino, que en el fondo es su propio reino. El reino de Minos y el reino del mar para Poseidón. ¿Qué o quién vencerá?

 

 

 

Tercera escena: El despojo del minotauro y la construcción del Laberinto.

 

“… … … De esa manera el sabio e inventor diseña y construye un laberinto [17], para esconder en su interior al Minotauro. Este monstruo, para no perecer en su obligado confinamiento laberíntico, periódicamente debía ser alimentado con carne humana, suministrada por la ciudad de Atenas, como parte de un oneroso y humillante tributo al todopoderoso Minos. [18][2]… … … “

 

El minotauro es despojado hacia un espacio o lugar que es real como irreal, imaginario como verídico, construido y por momentos espontáneo: el laberinto.  El único lugar donde podría pertenecer alguien como el minotauro, es el laberinto. No podría ser otro. La expulsión del minotauro y su condena o existencia mutua con el espacio laberíntico, es el reflejo sustitutivo del modelo moderno de la imagen-mundo. No podemos liquidar inmediatamente al minotauro, así como tampoco podemos sobreponer una realidad extensiva de la nada.

La expulsión del minotauro es la renuncia a la extraña totalidad, que reside en el lugar, en aquella infinitud que no necesita de la abstracción total, porque es el signo, la trama, la tierra lo que evoca la infinitud, la teognosciencia, o nuestro encuentro con Dios. El mensaje de Poseidón, que es también nuestro espejo.

Poco importa quién ha vencido o quien ha sido el derrotado.

La construcción del laberinto, es la transmutación del minotauro en aquel lugar confuso, que puede ser diseñado, construido, matrizado, pero que no se acaba nunca, porque reside al mismo tiempo en el imaginario laberíntico, su origen adulador.  Es físico, pero al mismo tiempo no físico, es un espacio de despojo existente, no representable.

El laberinto – conexión transmutadota y contingente del pasado, presente y futuro-  único que puede conectar de modo atemporal, nuestro instante con el instante del Toro.

Pero finalmente, el laberinto es el lugar de existencia del minotauro, el inicio de la reducción de la totalidad, para pasar a un espacio invisible, y llegar a ser visible, pero ya de otra manera.

 

Cuarta escena: Teseo entra al laberinto, reconoce al minotauro, reconoce a la humanidad.

 

“… … …Una vez en el umbral del laberinto, Teseo anuda allí un extremo del ovillo de Ariadna, e inicia su penetración en el recinto desconocido [24]. A pesar del temor que sentía, alentaba al grupo de victimas para no desfallecer en el propósito de culminar su misión con éxito. Después de un arduo, angustioso camino en medio de la oscuridad y un confuso olor penetrante a desechos, Teseo se encuentra, de pronto, con los ojos de la bestia. Paralizado de terror siente en su rostro la respiración profunda del Minotauro, pero cree leer en sus ojos todo el dolor de su existencia monstruosa e intuye el mensaje silencioso de la bestia pidiéndole la liberación. De inmediato toma una hoja de bronce que había ocultado al entrar y la introduce certeramente en el corazón del monstruo [25]. Los bramidos de dolor hacen estremecer a Minos en su trono. Para regresar, Teseo enrolla el hilo de Ariadna, mientras camina, hasta salir triunfalmente del laberinto. Afuera, se encuentra una multitud que lo ovaciona y celebra el fin del reinado de Minos… … ….”[3]

 

Teseo, lleva la tarea de reconocer al minotauro, pero con la lógica de Minos. Teseo es el equivalente de Salomé[4], y el propósito, el lugar invisible, el equivalente a Erodiade, la razón instrumental de su viaje hacia el laberinto.

Erodiade, el mítico personaje, esposa de Herodes, quien intercede con la voz para que su hija ordene la cabeza de Juan Bautista, es la lógica del reino, el dominio donde no entra la extrañeza del mundo y si la procedencia de la razón abstracta. Entonces, el viaje de Teseo, porta consigo las fuerzas de Erodiade, como a su vez las fuerzas de Minos, quien fue puesto a prueba y no pudo, no supo… … … no pudimos, no supimos, reconocer a este Minotauro, reconocernos , minotauro, ¡ Minotauro! Battista.

La entrada de Teseo al laberinto no es dejado al azar, lleva consigo aquel hilado, cuan fuera brújula de todos los tiempos ¿por qué temer al extravío de la conciencia, al aparecer, al advenimiento, si el laberinto es eso? Probablemente no sea el miedo, sino la sustitución, hacer como si la memoria no existiera, y el olvido permaneciera. He aquí el pasaje fundamental, el encuentro con el Minotauro… ¿Con quién se encuentra?, ¿Qué evoca la idea de muerte del minotauro?

Leer en sus ojos el dolor de una existencia monstruosa, no es más que la codificación de la extrañeza del ser humano hacia el ser humano. El no reconocimiento que triunfa sobre nuestro espacio ontológico de totalidad con Dios.  La extrañeza y el reconocimiento del dolor, es sublimar la presencia del Minotauro en occidente, pero dando vuelta su presencia. No podemos hablar de su dolor, ni de su ceguera, nos está prohibido hacerlo, menos de su origen, pero si podemos asumirlo como bestia, limitada, que hace coincidir todas las fuerzas del cosmos en un solo rincón de afonía entre pieles y oscuras carnes.

 

La muerte, es el segundo paso, el convencimiento de la humanidad haciendo aparecer al Minotauro, pero invisibilizando su originaria fundación. La misma que hace aparecer a Salomé con la cabeza de Juan Bautista sobre un plato. La fundación de la realidad para la modernidad, la operación lógica de que esa es la realidad, aquella que triunfa con un modelo reductivo, que es totalmente vasto, haciendo inclusive aparecer, lo que no se puede expresar, como si realmente fuese expresable. Finalmente, Teseo logra salir, por las leyes físicas que guían la rectilínearidad del hilado, olvidando un detalle, el mismo olvido que los sistemas modernos inducieron con la reducción de la complejidad, quedando como pequeños hoyos negros: hacer desaparecer el laberinto.

 

 

Quinta escena: La transmutación del minotauro en topo, y el secreto laberíntico

 

“… … …  Aquí está el Laberinto -dijo indicándome un alto escritorio laqueado.

         —¡Un laberinto de marfil! -exclamé-. Un laberinto mínimo...

         —Un laberinto de símbolos -corrigió-. Un invisible laberinto de tiempo. A mí, bárbaro inglés, me ha sido deparado revelar ese misterio diáfano. Al cabo de más de cien años, los pormenores son irrecuperables, pero no es difícil conjeturar lo que sucedió. Ts'ui Pên diría una vez: Me retiro a escribir un libro. Y otra: Me retiro a construir un laberinto. Todos imaginaron dos obras; nadie pensó que libro y laberinto eran un solo objeto. El Pabellón de la Límpida Soledad se erguía en el centro de un jardín tal vez intrincado; el hecho puede haber sugerido a los hombres un laberinto físico. Ts'ui Pên murió; nadie, en las dilatadas tierras que fueron suyas, dio con el laberinto. Dos circunstancias me dieron la recta solución del problema. Una: la curiosa leyenda de que Ts'ui Pên se había propuesto un laberinto que fuera estrictamente infinito. Otra: un fragmento de una carta que descubrí[5]… … … “

 

A Teseo se le olvidó el misterioso laberinto, que de ninguna manera es aquel laberinto usualmente visto, donde tiene un centro, una entrada o una salida. El laberinto – al ser lugar de la morada del Minotauro- es un espacio imaginario, extraño, sin lógica, donde reina la confusión y la contingencia, el aparecer de lo fenoménico, y el acontecer como punta de flecha. Pero también es realidad, es espacio o lugar existente, y es ahí donde se genera la confusión.

Teseo entra y sale de un laberinto que nadie sabe muy bien de su materialidad. El laberinto al cual entra Teseo, se distingue del que comúnmente conocemos porque luego de su salida, el laberinto pasó a ser parte de la corrección ontológica del espacio, el ajustamiento de Erodiade, del juego de Minos, que trajo la permutación del Minotauro, en desaparición y muerte del mismo, pero en un espacio de lo prohibido, algo que bajo ninguna circunstancia significa desaparición, sino permutación. La muerte como permutación, al igual que Salomé sosteniendo la cabeza de Juan Bautista: la reducción de la totalidad del Bautista a ser entendido como la cabeza sobre un plato piatto.

Vale decir, existe una contradicción originaria en el mito al momento que no logra ser reducido el modelo del espacio o de lugar , aunque si conciliamos que se reduce el minotauro. Es ahí cuando la conversión entra en el juego de sus propios errores, donde no hay temporalidad, y en ese espacio infinito que se forma de laberinto en laberinto, el Minotauro viene transmutado en topo, así como Poseidón puso a prueba el manejo en Minos, como su espejo o su sombra, la cara y contracara, el secreto mejor guardado. 

El laberinto, lugar donde ocurre esto, a diferencia de la imagen laberíntica que usualmente recreamos, no tiene que ver directamente con la imagen, o bien si. La supervivencia transtemporal, hace que la representación laberíntica de la realidad – la articulación de un modelo espacial- entre en una circularidad donde jamás pueda ser representado. El laberinto Minotauresco, topista, es el lugar de la extrañeza, de la confusión donde habita la vinculación cósmica de la incerteza, lugar donde no existe salida, y donde se encuentra el constante limitado, la Zoe griega.

Por lo tanto, el laberinto, por esa transmutación atemporal, es el modelo espacial por excelencia, que no puede ser representado, o que, si es representado, pierde su nominalidad laberíntica, pierde sentido y deja de ser laberinto. El laberinto que estamos acostumbrados a observar, es la reducción originaria, que trata de ser representado visualmente, pero que no logra representar la idea laberíntica, porque la representación a la cual estamos acostumbrados, es una representación de la imagen-mundo de la modernidad, no la topística. Representar al laberinto, sería como no representarlo.

Es por esa razón, que el modelo del laberinto, nos sirve para encontrar la especie y el territorio, el lugar que supera la lógica espacial, para ser lugar-red. Existe la tierra, las dimensiones extrañas o no dimensiones, la confusión, el olor y aroma en la defensa de un terreno o el arraigo, los incendios y el fulgor de un clima voraz, pero también la connotación non spatium que expresa, la idea laberíntica del lugar contingente: la red.

La esperanza, en términos borgeanos, se encuentra en  el cambio vinculativo con la representación a una expresión del lugar-red... Un laberinto experiencial más que visual, como aquel previo a la entrada de Teseo, y aunque no reducido, posterior a su salida.

 Así ocurre con el sentido de localidad, y el sentido de red. Como aquella entrada laberíntica pero que aún hacemos en pies de Teseo, vale decir, como diferentes a este nuevo minotauro, que ahora es topo. El desafió esperanzador, radica en soltar la diana que nos entrega Ariadna  para entrar, porque la entrada no puede ser en la lógica de la representación moderna, no puede ser con la misma fe del hilado.

Y el encuentro con el extraño topo, no será extraño, no necesitaremos ni de la brújula, ni de la escuadra. No necesitaremos ni de la certeza, ni de instrumentos para medir su composición anatómica, porque aquel humano-mundo, que ha sobrevivido en su antigua versión de humano-toro, es en parte, el misterio de reencontrar el sentido originario del límite como infinito.

Ese sentido originario, donde todo es considerado en su singularidad, aunque sepamos que el topo como nosotros, no siendo equivalentes, somos en el fondo la misma cosa, y no elementos de extrañeza, sino de reciprocidad, como el computador parlante.

 

 

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

 

Páez, Y , El Minotauro en su Laberinto, Revista Aposta, ISSN 1696-7348 No. 3, Diciembre 2003 http://www.apostadigital.com/revistav3/hemeroteca/yidy1.pdf

 

Borges, J.L (2002) Ficciones , Madrid, Alianza Editorial Cit. pp. 43-45

 

Flusser, D, Salome, original de Jesus, è stato tradotto da Argentino Quintavalle>, publicado en: http://www.messiev.altervista.org/Salome.pdf

 

 

 



[1] Páez, Y , El Minotauro en su Laberinto, Revista Aposta, ISSN 1696-7348 No. 3, Diciembre 2003 http://www.apostadigital.com/revistav3/hemeroteca/yidy1.pdf

[2] Ibíd. Cit, pp. 1 - 6

[3] Ibíd.

[4] Flusser, D, Salome, original de Jesus, è stato tradotto da Argentino Quintavalle>, publicado en: http://www.messiev.altervista.org/Salome.pdf

[5] Borges, J.L (2002) Ficciones , Madrid, Alianza Editorial Cit. pp. 43-45

 


 

 

Participa del Youth Forum 2010: Invita Revista El Topo

banner450x56.gif

Publicidad por Bligoo.com
Georg
Georg el sábado, 23 enero, 2010 a las 15:20

Excelentes noticias de interés. Estoy encantado. Curiosamente, la necesidad de tratar a todos con derecho a usarlo, entonces la comunicación va a estar bien.


Escribe un comentario

¿Quieres usar tu foto? - Inicia tu sesión o Regístrate gratis »
Comentarios de este artículo en RSS