
Este territorio es aquel que aún no estamos acostumbrados a ver, todo porque el territorio fue ya producido como modelo y artefacto ya preconcebido, ¿Ha llegado el momento de la red-lugar?
El territorio que conocemos, o el territorio de la lógica geodesica
Aunque resulte un poco descabellado pensarlo, el territorio al que hemos estados habituados a imaginar, aquel que nos enseñaron en algún establecimiento educacional, o el que asociamos en la inmediatez de las formas - casi como un sutil hilado fino - , no es más que parte de un modelo fundacional del lenguaje del espacio, que se consagró con la exactitud de la escala. Nuestra extraña fe científica en la certeza (Varela, 1988), como si estuviéramos en cada momento reemplazando al complejo incierto del universo, por la rayana creencia de satisfacción en la certeza.
Un sugerente ejercicio entonces, sería despejar toda idea, creencia ciega, de que aquello que creemos como territorio sea realmente el territorio, o mejor dicho, que aquello que imaginamos como territorio, obedezca plenamente a la lógica territorial del mundo, y no a otra que logró penetrar a través de la extensión calculatoria, en lo más profundo de nuestros pensamientos, llegando inclusive a formar ciudades, y abstractas naciones. No es casual que esta lógica haya hecho coincidir: la equivalencia general de la economía en desmedro de la moneda local; el modelo ciudad ortogonal en desmedro de aquella circular; y el cambio de modelo del mundo espacial en desmedro de aquel de lugares.
De la misma forma, deberíamos cuestionar toda idea preconcebida que tenemos de la extensión metropolitana, porque aquella metrópolis de la que hablamos por ligamento de distintas zonas o áreas (conurbanización, suburbanización, etcétera), no es más que una copia de la realidad reducida métricamente, que hemos asumido hasta ahora como metrópolis.
El territorio que conocemos, es un territorio que siempre ha actuado reafirmado de acuerdo al modelo precedente, no por eso que es. Ya viene definido, y no hacemos más que confirmarlo, como una copia, porque eso es. No existe representación ideal, ya que tanto mapa como territorio son equivalentes. Y esta idea, que pareciera absurda, o poco clara, fue alcanzada por Willebrord Snellius[1] al generar un sistema de representación exacto entre el globo que era el planeta y la configuración de una carta georreferencial.

(Trasmutación del mundo en espacio)
Snellius no siendo el principal responsable, muestra o evidencia la consagración del proceso de sacrificio: el territorio como complejo. El trabajo consistía en generar - mediante un modelo matemático trigonométrico que ya se venía trabajando desde la antigüedad tolemaica- un modelo que lograra producir la exactitud entre el mundo y su complejidad, respecto a la representación que podemos hacer de éste. Este modelo, que logró ser llevado a cabo, expulsó el objetivo inicial del trabajo científico, que es conocer- representar, para definitivamente hacer la realidad. La escala es la correspondencia exacta entre representación y mundo, o nos da la idea de estar representando sin espacio de representación, porque con los códigos ya puestos, no se puede más que copiar. Ya está todo definido previo a cada representación, a cada territorio que ha sido planificado o que ha sido urbanizado en la modernidad.
Desde ahí la historia sería distinta. La escala obedece a la lógica espacial, que representa sólo dimensiones métricas, de volumen y precisamente de distancia. Hace de la distancia un arte de la representación que busca la exactitud, donde la armonía de la distancia representada, obedece a una homología de aquella esférica. Esto que parece sencillo, llevó casi un siglo a los astrónomos y geógrafos, generar el más idóneo; Snellius lo logró. Desde entonces, los sistemas espaciales son los que han gobernado al mundo, y lo han gobernado a punta de ejercicio de reducción de la realidad, que no es para nada imparcial, ya que aborda cada campo del conocimiento científico y cada campo de gobierno del mundo.

(Ejemplo de trasmutación trigonométrica del territorio)
Por lo tanto la escala se consagra como modelo del espacio, que tiene la particularidad de ser real, ya que en vastas dimensiones, en métrica y cálculo astronómico, es igual a aquellos puntos y distancias, extensiones y áreas del globo. De ahí que anula la vaga idea que tenemos de la representación del territorio, ya que:
Es una representación de la realidad que ya viene realizada, o;
Es la realidad de una representación que viene ya representada.
Es la realidad que provee a la realidad, porque entramos en el mundo de la equivalencia.
La operatividad del modelo espacial de la escala, es de lógica geodesica, vale decir, de cálculo geométrico, específicamente trigonométrico. El truco consiste en que, para que Snellius haya llegado a representar un modelo de escala; el cálculo sobre un espacio abstracto hecho por la red de puntos trigonométricos de un geoide, estaría hecha en base a la forma y dimensión abstracta del planeta. Esto generaría de algún modo la copia, que sería el modelo más representativo, para generar cualquier idea del territorio, que tenga a su vez representación visual, la única que conocemos, más allá de años y siglos evolutivos en la fotogeneración de la información satelital y el avance tecnológico .
La extrañeza de esta reflexión sobre el modelo espacial, es que el truco de reducción que en ningún momento percatamos como reducción, ya que actúa comprendiendo a la totalidad, sacrifica aquello representado, que no entra bajo la idea de certeza.
El mundo, los microterritorios y la comunicación entre la totalidad cósmica y aquel micromovimiento que ni siquiera podemos ver como acontecer fenomenológico, siempre ha existido, y para que pueda ser representado bajo la idea de certeza, se tiene que sacrificar la misma lógica compleja: que es aquella esférica y de la incerteza: su contrario.
El modelo es el mismo, y la realidad deviene del modelo, no el modelo de la realidad.
Lo inquietante es que hoy aunque operamos bajo un otro modelo del mundo, la realidad territorial y los principales esquemas del modelo económico, operan bajo la misma lógica espacial de hace aproximadamente dos siglos.
Es ahí cuando se comienza a tejer una comunicación selectiva entre la totalidad del mundo, produciéndose desfases totalmente peligrosos e inquietantes en algo que existía como armonía (no metafísica)
Referencia:
Varela, F (1988) Conocer; Las ciencias cognitivas: tendencias y perspectivas, Cartografía de las ideas actuales, Barcelona, Gedisa.
[1] Wreedegeboren, L (1974) Willebrord Snellius (1580-1626) a Humanist Reshaping the Mathematical Sciences Willebrord Snellius (1580-1626) een humanist hervormt de wiskundige wetenschappen (met een samenvatting in het Nederlands) Rotterdam, en : http://www.uu.nl/NL/Bibliotheek/Pages/default.aspx






