
Por los años 60, el urbanista griego Constantino Doxiadis, emprendería un viaje en el barco llamado Simposios, por las antiguas rutas navegables del mediterráneo en la época clásica. El objetivo consistía en congregar una cantidad suficiente de intelectuales de diferentes procedencias y disciplinas, para pensar la ciudad del futuro, aquella que Doxiadis llamó Ecumenopolis.
Lo interesante es que años antes (1933) la CIAM (Congreso Internacional de Arquitectura Moderna) habría emprendido un mismo viaje, en ese entonces para reconstruir los argumentos y la teoría de la urbanística, que fuera apta para los nuevos proceso que ya se estaban experimentado, más allá de la ciudad lineal de Soria, los fundamentos originarios de Cerdà, o el modelo a baja densidad que habían pensado los adherentes de la ciudad jardín como Howard, Unwin y Parker.
De ese viaje, Le Corbousier, generaría las bases teóricas de la ciudad funcional, aquella que ya pensaba en términos comunicacionales, independientemente de la distancia, una verdadera premisa renovada de la modernidad, en el cálculo exacto del espacio en modelo y del modelo en ciudad. De Atenas se sirve la urbanística, al igual como la modernidad se sirve de los fundamentos históricos para revitalizar su proyecto en occidente. El viaje en ese entonces fue hacia el pasado.
Pero el viaje de Doxiadis tendría una inspiración distinta, o tal vez de consecuencias totalmente diversas. Ecumenópolis se produjo a partir de la construcción social del modelo del mundo. El ejercicio colectivo, llevaba cada representación del destino del mundo, pero con fundamentos analíticos. Cuando estos fundamentos terminaban, comenzaba el ejercicio imaginativo. El viaje, a diferencia de la CIAM, era hacia los márgenes de la imaginación, que no rendía cuentas con el pasado.
Entre los participantes en aquel Simposios estaba el conocido McLuhan, quien aportó ideas considerables para el presente del Sistema-mundo. Imaginaba un World-Wide Network, donde los canales de comunicación serían el fundamento de las centralidades económicas en las ciudades. El reconocido <
Ciertamente Ecumenópolis fue la proyección del sistema-mundo en red.
Lo interesante no reside tanto en los hallazgos ni en la coincidencia, sino más bien en la relatividad para la construcción social de las ciudades, como fundamento de los procesos de comunicación y representación.
Si bien algunos han teorizado aquella situación como la construcción social del espacio, o la representación “subjetiva” del mismo, la asimilación no es de lógica espacial moderna.
Este ejercicio siempre ha existido, resulta que en el transcurrir de las ciudades modernas, se internaliza al espacio de la modernidad planimétrico, como única posibilidad de existencia y conocimiento en pos de un progreso.
Aquella construcción social del espacio, sería por lo tanto, la existencia social de las ciudades, el cúmulo de imaginarios que no concibe ni espacio, ni tiempo.






