Las razones por las cuales una determinada formación social territorial, como un barrio, una ciudad, una región o cualquier otra, son visibles, no se debe sólo al paisaje que logran sus estructuras arquitectónicas como casas, edificios, fábricas o lugares de encuentro. Una parte importante de la visibilización y por ende de la existencia de una formación humana de estas características, tiene que ver con el desarrollo de sus capacidades colectivas de organización. La experiencia de la ciudad, la vivencia situada en la ciudad, es tan o igualmente importante, como los factores externos que definen una realidad social global, como pueden ser los fundamentos de la organización social del trabajo, la economía de la globalización o los fenómenos culturales que se extienden por el globo. La experiencia in situ de una ciudad, va a dar cuenta de las estrategias de los seres humanos para entenderse, comprenderse y desarrollarse, así como las formas en que los fenómenos más globales de los sistemas sociales se incorporan a una realidad contingente como es la ciudad. No podríamos entender la mayoría de los fenómenos que atañen a la sociedad en la actualidad, sin ese marco de referencia que es el espacio social, el territorio sobre el que el fenómeno se aprehende y sus formas particulares de definición. Es justamente en ese aspecto, en el que la fundamentación de necesidad y funcionamiento de una determinada organización social territorial en una temporalidad contemporánea, tendrá sentido como forma de comprender los fenómenos sociales en su real dimensión.
Faros de Tierra
Podemos entender a la organización social territorial contemporánea en sus particulares formas de ordenamiento como faros en tierra. Los faros, situados en los puntos más cercanos entre la tierra, la roca y el mar, como forma de guiar a las embarcaciones hacia las direcciones necesarias, a dirigirlos al trayecto y advirtiendo de las vicisitudes del territorio marítimo, son esenciales para que el intercambio entre un puerto y otro sea concretado. Son marcas que dejan otros, como vestigios de historias de aventuras y descubrimientos, los que guían a los nuevos capitanes y tripulación embarcados hacia su destino. Así mismo son las organizaciones sociales territoriales. Son puntos de referencia, lugares que observan y convocan, alejan y acercan, pero más que nada, guían e iluminan los trayectos en la vida y experiencia situada en una ciudad. En las múltiples formas y formaciones de una organización social territorial, van a existir diferencias que tienen que ver con el objetivo de la organización, las formas de trabajo y organización, los hitos y propuestas que elijen para continuar en la vivencia de la ciudad. Van a existir en una ciudad una pluralidad de organizaciones, de carácter social, asistencial, cultural, patrimonial, gremial y del trabajo, económicas, identitarias, pragmáticas y recreativas. No existe un límite para las formas y modelos de organización social en la ciudad. Tampoco existe un límite para los modelos de gestión de esas organizaciones que pueden ir desde una colectivización del trabajo, la gremialización para la toma de decisiones, la organización jerárquica y jurídica, la organización espontánea y virtual. Las organizaciones son corpúsculos que dan coherencia y orden a la genética de una ciudad. La belleza que significa una organización social territorial, puede observarse en dos elementos fundamentales. Entregan un espacio físico o virtual sobre el cual los individuos se acogen y significan su propia realidad. Son espacios donde se produce el intercambio, las ideas, la comunicación entre las mentes que de otra manera circularían vagas por las calles de una ciudad. Incluso ahí, en el deambular sin rumbo, en el “vagabundaje social”, existe la organización que acoge y alimenta, que da asistencia y comprensión a una vida desesperada. Ese constante intercambio de ideas comunicadas que se produce en las organizaciones, así como entre distintas organizaciones que en distintos momentos, bajo distintas circunstancias y con distintos motivos, se comunican, no es posible observar en un modelo lineal. Las ideas, los individuos, que son como barcos que circulan, como embarcaciones en tránsito, no producen una influencia directa en un objetivo u organización. Su relación no es lineal entre causa y efecto. Más bien las ideas son rastros, estelas en el agua que cuando se topan con otra idea cercana que transita por ahí, que deja su propia estela, producen un oleaje discontinuo, inverosímil, en definitiva, creativo. Esa racionalidad lineal en la comunicación, más cercana al conductismo de Palo Alto y a otras teorías ahora clásicas de la comunicación, es obsoleto para la comprensión de los fenómenos de organización social y comunicación territorial. Esta belleza de la organización social territorial es la que produce el avance, el desarrollo, la circulación, el movimiento o la creación de ideas y pensamientos.

Existen evidentemente, condiciones materiales de existencia que influencian o definen algunas estrategias de organización, o las mismas funciones de una organización. Pero no es cierto que estas condiciones determinen la existencia o no de una determinada organización o el objetivo de su trabajo asociativo. En nuestro caso particular chileno, es posible que determinados fenómenos de la historia social y política desde los años ’60 hasta el periodo dictatorial, hayan afectado a las dimensiones territoriales de organización social. La primacía de un modelo o paradigma nacional de organización para este periodo, afectó por igual a la desestructuración de los modelos de organización territorial, que se ve más evidente en organizaciones como juntas de vecinos, centros de madres y clubes deportivos. Pero esa primacía de un paradigma desde la organización central, es también una primacía en las estructuras cognitivas de quienes organizan la vida social de las ciudades. Sólo pensar en el paradigma dominante por sobre las propias estrategias locales de organización, afectaría de igual modo a la supervivencia de un activo desarrollo organizativo de las ciudades en la actualidad, dado un modelo de organización neoliberal de características globales. No es posible dar como causa a la debilitación de los tejidos sociales territoriales sólo a los modelos de desarrollo globales, sin realizar un balance crítico de la administración del espíritu local de las ciudades.
Modelos Para el Estudio de la Organización Social Territorial
Algunos modelos que evidencian la importancia de la organización social territorial dan cuenta de las potencialidades que son desaprovechadas por las ciudades al no producir las conexiones necesarias o los espacios de comunicación e intercambio entre los organismos de la ciudad. Ya en los años ’70 Jane Jacobs, explica desde la perspectiva económica de las ciudades, la importancia que tienen los modelos de intercambio local. En sus diagramas económicos de la ciudad embrionaria, la autora da cuenta de las diversas formas en que una racionalidad sobre el intercambio, produce activos sociales y económicos para los territorios locales. Los fundamentos sobre los cuales Jacobs construye sus análisis, requerirían de un artículo dedicado exclusivamente a entender estas definiciones. Podemos indicar por el momento, que para la autora, el origen de las ciudades tiene una matriz económica específica que radica en la exportación de un producto natural que ese determinado territorio posee y que otros territorios desean adquirir. De esta manera, la génesis de una ciudad estaría marcada por la extracción y exportación de un determinado producto (monoproducción) y la importación de los recursos necesarios para que el trabajo de extracción y exportación continúe. En el diagrama originario de este modelo, Jacobs reconoce 4 puntos específicos que sustentan el modelo económico de la ciudad dado por las siglas P, C, I y E. 
Este diagrama económico de la ciudad embrionaria, explica de qué manera se produce el desarrollo de las ciudades y permite identificar un sustento local o las condiciones locales sobre el cual deben surgir las innovaciones económicas. Para Jacobs, el crecimiento de una ciudad embrionaria, comienza cuando los proveedores locales de bienes y servicios para los exportadores iniciales de la ciudad, se convierten ellos mismos en exportadores de sus bienes y servicios. Algunas importaciones se incorporan directamente al trabajo de exportación de la ciudad. Por ejemplo, materias primas y maquinaria para el trabajo de exportación, comprado de otros lugares por exportadores. El resto de las importaciones ganadas por la ciudad van a la economía local, donde son incorporados en bienes y servicios producidos o manejados localmente, para productores y consumidores. Los destinos de las importaciones se señalan en las flechas.
Más allá de realizar un análisis profundo sobre este modelo desarrollado en los años ’70 por Jane Jacobs, que aquí adelanto para un artículo futuro, lo que se puede inferir, es que el sustrato local de la organización económica, si se comporta como un sistema cohesionado y coherente, permite el desarrollo de la ciudad. La articulación de un sector económico permite el crecimiento de la producción local, con ello permite la exportación de nuevos bienes y servicios y con ello aumentan las capacidades locales de consumo, que pueden estar dados por un mejoramiento de las condiciones materiales de vida de los habitantes de una ciudad.
Como escribía anteriormente, las relaciones de la organización social territorial, van más allá de la economía (sin restar la importancia fundamental que ésta tiene para el desarrollo de una ciudad). La instalación de una malla, tejido o genética de una ciudad, va a estar marcada también por otras actividades de la vida social de los individuos. En este sentido, Charles Landry, instala un modelo contemporáneo de observación de las organizaciones que abre hacia nuevos campos de investigación. En su teoría de la ciudad creativa, el urbanista da cuenta de 5 sectores fundamentales para el desarrollo de las ciudades: Las organizaciones sociales y voluntariado, las culturales y patrimoniales, la industria y negocios, la administración y gestión pública y la educación y formación. Este modelo, que puede ser visto como un mapa sobre el que estudiar las ciudades, permite la observación de las organizaciones sociales territoriales dentro de una dinámica más amplia. Cada uno de estos sectores tiene una importancia fundamental para el desarrollo de la ciudad y su articulación no está en una relación de jerarquías de poder que pone a un sector sobre otro, sino que cada uno desarrolla una instancia específica dentro de la ciudad. A partir de esta teoría, es posible generar una matriz de intercambio comunicativo entre los sectores de la ciudad.
En la administración y gestión pública, podemos encontrar las distintas oficinas municipales, y ministeriales, incluso determinados organismos formados para atender una determinada necesidad de la ciudad. En las organizaciones sociales y de voluntariado, podemos encontrar organizaciones asistencialistas, comedores y juntas de vecino, colectivos políticos y de demandas barriales específicas. En la educación y formación encontramos colegios y escuelas, centros de padres y apoderados, universidades y centros de formación técnica, entre otros. En la industria y negocios encontramos fábricas y empresas de servicio, organizaciones gremiales, sindicatos, entre otros. En la cultura y patrimonio podemos encontrar centros culturales y colectivos artísticos, espacios para la expresión y medios de comunicación, así como otros organismos derivados de otros sectores y preocupados del desarrollo de la cultura. Todas estas organizaciones sociales tienen un fundamento territorial. Su existencia no podría ser entendida sin tomar en cuenta ese espacio social y territorial en el que se forman. El fortalecimiento de éstos, no podrá surgir independiente unos de otros. Un espacio cultural va a necesitar de un colectivo artístico para que desarrolle las obras que éstos producen. Una empresa necesitará de los trabajadores que en ella operan. Las escuelas necesitarán de los apoderados que llevan a sus hijos a formarse y así, cada uno de los sectores necesitará del otro para que estos existan. Pero más aún, cada uno de estas agrupaciones u organizaciones sociales que acá identificamos de acuerdo a sectores, va a necesitar de otras organizaciones vinculadas a otros sectores. Un comedor popular, requerirá de los alimentos que produce una empresa, así como un centro cultural requerirá de los fondos que entregue una oficina municipal. La importancia de la comunicación entre los sectores de una ciudad, será igualmente fundamental para el desarrollo de ésta. Así como Jacobs lo ve en la economía, en los distintos sectores de la ciudad, la necesidad de unos con otros va a ser fundamental para que éstos se desarrollen.
Esta comunicación, que cuando deja de ser puramente demandante uno del otro, va a establecer las relaciones e interacciones que requiere la creatividad para surgir. La creatividad en este sentido, está entendida como la capacidad de afrontar problemas bajo distintas perspectivas o resolver problemas de distintas formas. Los problemas van a tener distintas naturalezas y distintos grados de complejidad de acuerdo a las necesidades particulares de cada individuo agrupado en una organización. El establecimiento de esta comunicación e interacción entre las organizaciones sociales territoriales contemporáneas, va a ser el fundamento del desarrollo social de las ciudades







Esto debiera estar al comienzo de la publicación papel de OCC
Gracias Gino por el comentario. Estoy tratando de estructurar estas ideas, que sumado a las discusiones que se plantearon en las III Jornadas de Cultura & Territorio, puedan generar un documento interesante.
Saludos
-----------------
Felipe Espinosa Parra