Gran Valparaíso, 2012, Año 4 (2aF)

No basta con la participación para hacer ciudad.

Si existe un aspecto por el cual Giuseppe Dematteis[1] siempre tuvo cuidado, fue el de la complejidad territorial. En el fondo, su “modesta disciplina” como tituló a la geografía en la era global, cumplía la labor fronteriza de auxilio a las demás ciencias sociales, una especie de asistente a las ciencias sociales a través de la representación, o labor comunicativa en la representación del paisaje geográfico. El pasaje hacia una problemática de la semiótica y de los argumentos comunicativos que constituyen el espacio de lo “real”.

Es por ello que Dematteis no puede concebir la forma de comportamiento de un territorio sin la sociedad, y viceversa. Más allá de la escala y nivel de interacción por el cual se conforman los complejos territoriales, lo que importaría es aquel elemento emergente y cotidiano que mueve todo el conjunto. El mismo elemento emergente que Pumain[2] identificaría como necesario de centrar en su propuesta por la ciudad compleja.

Para Dematteis los lugares serían sólo contingencia creativa, Pumain identificaría al menos 2 niveles de interacción en las ciudades globales,  el complejo ciudad y el complejo sistemas urbanos. Citamos a Pumain porque da cuenta de aquel elemento microsocial contingente que modifica e interviene consecutivamente en todos los otros campos territoriales. Es decir, el abandono del problema de la escala territorial (Región, Provincia, Comuna, Distrito, etcétera) por uno de la comunicación entre elementos de las ciudades, y de ahí en adelante la vinculación entre complejos urbanos, que producirían una transformación geográfica mucho más alerta del “contingente” que del “estable”.

 

Serán entonces los actores urbanos los llamados a defender la ciudad según la lectura del movimiento territorial cotidiano de Pumain. Es sutil y sencillo, el movimiento cotidiano es funcional, y lo desempeñamos a diario, una constante la cual está a su vez en transformación, sea como actor urbano municipal o como actor urbano comercial, o, en definitiva, como actor urbano peatonal. A diario nos desempeñamos como actores de la ciudad, sin que eso signifique necesariamente ser completamente conciente de dicha condición.

J. B Racine ve en esto la base de la movilización en las ciudades globales. En realidad, ve ahí las bases de la participación directa y no en otro lugar. El cotidiano recrea una condición social de estar implicados sin que eso signifique una bandera de lucha evidente.

Es en este punto donde encontramos un detalle para advertir con detención. La movilización o la participación directa en las políticas de la ciudad o aún más locales, no dependen necesariamente de la preparación metodológica ni educativa, menos de una construcción ideológica totalitaria en quienes se ven implicados como actores urbanos (teniendo en cuenta la premisa de condición). Todo radicaría en la defensa de la ciudad.

Tener algo que defender, no es una situación simple. Defender la ciudad considera algo más sustancial para la participación en un proyecto determinado, que es el ensamblaje identitario.

El problema entonces se produce ante la pregunta ¿Qué defender? La difusión de las ciudades, el reconocido espaciamiento a baja densidad del sprawl y las gated community no es que alienen la condición de actor “urbano” a nivel de las personas, sino que la modifican, perdiendo cierto recorrido y relación atmosférica con los lugares, haciendo finalmente que – remitiéndose a Dematteis- los lugares no correspondan hacia el orden creativo.

Y si no responden al orden creativo, lo que quede por defender se resolverá en el abstracto, y en su contrario, que es la capacidad nula de participación.

 

Una de las fallas en las políticas sociales participativas de las ciudades radica en esto. El programa es participativo después del proyecto. Luego, por más participativo que se intente hacer el proceso, por más componentes que se intenten añadir en la ruta de: Información, consulta, concertar y negociar, el hacer de las ciudades queda sometido a su sentido originario, que es la primera letra, la primera idea que inicia el proyecto. Jamás escrito por un ciudadano cualquiera (Racine, 2009)

Parte del futuro de las ciudades se juega ahí, en el lugar donde las fuerzas opositoras pueden reterritorializar el componente “espacial” para ponerlo a su favor, y no en el interés de una elite no inclusiva. Pero para ello no basta la integración, no basta la democracia directa ni la política participativa. No basta ni siquiera la movilización ciudadana si no tenemos algo que defender. Una defensa que, a diferencia de otras épocas, es compleja y se dinamiza en el recorrido de vida cotidiana y singular que cada uno hace con de modo territorial. Es decir, dejando a un lado la abstracción cartográfica de la nacionalidad pedagógica.

 

 

Racine, J.B 2009 “Città e democrazia partecipata: le nozze tra esperto e profano. Riflessione sul posibile coinvolgimento del sapere geografico”, en AAVV 2009 “Le frontiere della geografía” UTET, Torino 



[1] Coloquio desarrollado en la universidad de Torino, 18 abril 2008, recuperado desde el sitio :http://www.aiig.it/Testi%20.pdf/Zeus%20testo%20lectio.pdf

[2] El texto está disponible en su forma original en: http://hal.archives-ouvertes.fr/halshs-00150065/


¿Como citar este articulo?
Gino Bailey Bergamin (sep2010) "No basta con la participación para hacer ciudad." Recuperado el [FECHA ACTUAL] del sitio web de Revista El Topo http://www.eltopo.cl/no-basta-con-la-participacion-para-hacer-ciudad

Recuerda:

Si deseas citar, linkear o reproducir nuestros contenidos, sólo te pedimos que nos avises, para poder tener un registro. Muchas Gracias!

contacto@eltopo.cl

Publicidad por Bligoo.com

Escribe un comentario

¿Quieres usar tu foto? - Inicia tu sesión o Regístrate gratis »
Comentarios de este artículo en RSS