Lo lamentable de todas estas jornadas son las vidas sacrificadas. Varsovia, ciudad capital de Polonia, puede contarnos la historia de la destrucción y reconstrucción de una ciudad, como si su identidad destructiva fuera lo que permanece y la constructiva aquello que sólo puede ser conservada en la memoria.
Digo esto, porque definitivamente, aunque exista dolor, nuestra historia se ha tejido a partir de sacrificios y no de un dulce paraíso. En la antigüedad se sacrificaba como un símbolo de gratitud, lugar donde convergían las gracias, y donde se vencía para morir, o a la inversa, existía plena conciencia de que
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