Gran Valparaíso, 2011, Año 3 (2aF)

Valparaíso y la necesidad de una imagen - Shopping Center- de ciudad

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Es acucioso, no exento de polémicas el término de Valparaíso global, así como también un Valparaíso de cara a la globalización. Para muchos entrar en la dinámica global es internarse en los circuitos centrales de cambio por nodos o redes económicas globales. Sin lugar a dudas, aunque aceptáramos esta precondición, la globalización no la podríamos entender como por aquello que es, sino más bien por una transformación parcial, acotada a ciertas ciudades de comando y específicas ciudades de inserción económica. Y bien sabemos que la globalización es un acontecer contrario a algo acotado.

            Dejando a un lado el aspecto de índole cultural dado por la comunicación, la globalización entendida como globalidad, no es ajena a Valparaíso porque trata de un cambio donde se ve implicado el globo, el mundo.

            En ese sentido esta ciudad se caracteriza por llevar adelante todas las problemáticas que no resuelven las ciudades globales, como por ejemplo: la definición de los asentamientos, espacios urbanos, gobernabilidad y sostenibilidad; la actividad económica predominante, demandas de los actores urbanos y sociales por la conducción de su territorio; la prevalencia de un modelo de inserción global como el de regeneración urbana patrimonial por la UNESCO; el carácter de la reconversión del mercado de trabajo, entre otros.

            Valparaíso encabezó desde luego una primera globalización que dio cabida a su nacimiento como tal, y ahora asume las consecuencias de encarar una segunda donde los modelos son más complejos, y por sobre todo, donde la idea de ciudad cambia.

            Es ahí donde la imagen-ciudad entra en juego como co-producción de si misma. La imagen que la ciudad ha hecho de si, es un aspecto cultural que tiene raíces bien profundas. Una ciudad sin una imagen, es como un territorio sin existencia o síntesis narrativa para explorar. Tradicionalmente la síntesis de una imagen-ciudad ha servido como relato para extranjeros, aventureros y escritores, turistas y viajadores útil para resolver el problema identitario de relación con la ciudad. Esta síntesis, como producto de una “representación colectiva” del discurso de ciudad, no sólo ha servido para el foráneo, sino también para el ciudadano local. Ejercita el control por medio la identificación y pertenencia.

            Ciertamente, la primera noción que se nos viene a la cabeza para Valparaíso es aquella de ciudad “puerto”, o la imagen de ciudad portuaria. La producción de esta imagen, no se debió necesariamente a una síntesis productiva de lo que ocurría en el territorio de Valparaíso en un periodo determinado. Fue más bien la constitución de elementos significativos que acontecían en la ciudad, que fueron delimitando y delineando la imagen de ciudad-puerto.

            La actividad marítima portuaria, el cosmopolitismo, la bohemia, el dinamismo económico, la atracción de población, el epicentro en el contexto del comercio nacional, son elementos constitutivos imposibles de soslayar para la producción de una imagen-ciudad. El debido arraigo, la magnitud que concede el imaginario colectivo a esta imagen-ciudad, es en parte porque los argumentos esgrimidos y que se sintetizan como significativos, no tienen un realce parcial, ni contingente-evanescente, sino más bien omnipotente, omnipresente para dicha época. Esta imagen-ciudad, el “reino de la imagen mundo”, homogeniza los discursos, el sujeto “porteño” se vuelve un fehaciente pero potencial ensamblaje de postal, que luego retomaría la escena patrimonial para hacer significativa nuevamente a la ciudad.

            Sin entrar en detalles, y como bien señala Giandomenico Amendola, el pasaje fundamental de la imagen-ciudad de la modernidad, de la ciudad moderna respecto a la actual de cara a la globalización, es un detalle sustantivo: la ciudad produce una imagen de si que genera un control y una homogeneización, todo debido a una síntesis de representación colectiva. En la construcción de la nueva ciudad, y de la planificación posmoderna, no es la ciudad la que ofrece elementos para una posterior síntesis de su propia imagen. La planificación posmoderna, da vuelta a la ciudad real sustituyéndola por una imagen para luego producirla. En otras palabras, antes de la ciudad existe la narrativa de ciudad, el capital-imagen de la ciudad creada, que luego crearía a la ciudad. Es la imagen que antecede a la ciudad, y no la ciudad que produce una imagen.

            De eso trata el Marketing urbano, parte de la planificación “participativa”, la decisión del rumbo que delimita la ciudad de si misma, y los urbanistas de la actualidad que trabajan bajo la idea fundacional de Barcelona 1992: el “Proyecto urbano” (Calabi, 2008)  Como todo se concentra en la narrativa para que sea eficiente, vendible y sustentable, el proceso de síntesis histórica es reemplazado por el de contingencia. Una vez creado el capital-imagen de envergadura, lo que sucede es un eventual reemplazo de la ciudad real, por la ciudad deseada.

            Esta ciudad del deseo, no tiene una connotación figurativa, sino más bien generadora. Como el relato deseado de la ciudad supera a la ciudad misma, la ciudad real, compleja, sucia, desocupada, informal, insegura, violenta, despoblada, de quebradas y pobre, queda reducida a una ciudad marginal que se vuelve innecesaria y problemática.

            ¿Por qué Valparaíso debiera sacrificar hoy por hoy su imagen-ciudad patrimonial de cara a la globalización?, ¿Por qué arriesgaría tanto sacrificándola por una imagen-ciudad de otra escala comercial como pudiera ser el Shopping-mall? Entendiendo la expansión con el Mall en el polo Barón La polar y ahora parte del waterfront "Puerto Barón"

            Más que discutir sobre lo estético, lo perjudicial para el sector comercial,  o el dilema de lo público y lo privado del espacio, sería oportuno preguntarse ¿Por qué se da este tipo de incongruencia desde el punto de vista de la gobernabilidad y planificación de la ciudad?

 

            La respuesta puede tener distintas vertientes, pero si seguimos aquella de la imagen-ciudad, ciertamente el fondo de la ciudad-puerto del 1800, como aquella imagen-ciudad que dominó el rumbo del territorio hasta hoy se vuelve caduca, y es superada por la apuesta lógica de la producción imagen-ciudad en la globalización.

            La más reconocida de esta imagen-ciudad ha sido aquella patrimonial, pero en el fondo poco importa cual asignación tenga si se cumplen los requerimientos de que sea efectiva, eficiente y mantenga un criterio de circulación económica, como lo es el consumo.

            Debido a que en esta ciudad no pudieron ser resuelta las problemáticas de una ciudad real, es decir, los problemas de integración social y socio-territorial como la: sostenibilidad, desocupación, desempleo estructural, industria debilitada, comercio informal y comercio debilitado, violencia y todo el gran etcétera que compone la “ciudad real”, es necesario amortiguar y garantizar el funcionamiento de Valparaíso sin que pierda toda su estabilidad.

            Para ello, la ciudad-retail, o la ciudad del Shopping- Mall se vuelve efectiva y eficiente, ya que discursivamente supera a la ciudad real, y convierte la trama y red de la ciudad de Valparaíso en lo deseado, es decir, limpio, atractivo, seguro y evocador. Vivir sobre la superación de la ciudad en si y no bajo de esta, en su imagen producto de una narrativa aduladora, mantiene a Valparaíso más en la luz que en la sombra que no había podido despistar la imagen-ciudad patrimonial.

            En este Valparaíso, el ciudadano – por cierto- tiene el deber de interactuar como turista, o al menos sentirse turista en su propia ciudad, lo que no es como suele ser pensado, mal evaluado. El amortiguador de la flexibilidad del empleo terciario, la desocupación o un empleo mal remunerado, lo garantiza la implementación de espacios urbanos bien pensados, complejos y organizados, para suplir y sacar del imaginario colectivo a esa ciudad real, que más que ser satisfactoria se vuelve un oscuro rincón quien nadie quiere habitar.

            Esto no hace otra cosa que darle la razón, una vez más, a Luhmann cuando enfatiza en la sustitución de la integración por la inclusión. En esta imagen-ciudad co-producida de Valparaíso, el habitante medio vive una inclusión económica y cultural de expectativas garantizadas, de un sueño hiper-real, que sin embargo son interrumpidas cuando ese mismo territorio no puede garantizar el goce eterno, o cuando las luces de dicha ciudad como escenario se han apagado.

 

Bibliografía

 

Amendola, G 2008 La città posmoderna, magie e paura della metropoli contemporanea , Roma-Bari, Laterza

 

Calabi, D. 2008 Storia dell’urbanistica europea, Milano, Bruno Mondadori pp. 313 – 321.

 

           

           

 

 


¿Como citar este articulo?
Gino Bailey Bergamin (ene2012) "Valparaíso y la necesidad de una imagen - Shopping Center- de ciudad" Recuperado el [FECHA ACTUAL] del sitio web de Revista El Topo http://www.eltopo.cl/valparaiso-y-la-necesidad-de-una-imagen-shopping-center-de-ciudad

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Comentarios a este articulo
Riska escribió el domingo, 12 febrero, 2012 a las 2:52
Un gran epeljmo quería buscar yo alguno así de bueno pero no he tenido tiempo, gracias

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